Pontos de leitura. Palimpsesto abreviado de modos del amor – por Gabriel Restrepo

Después de un palimpsesto gráfico de horror, ahora traemos el palimpsesto gráfico de amor. Restrepo viaja aquí a la velocidad de la luz, haciendo inusuales conexiones simbólicas e imaginarias entre el espacio-tiempo que están desconectadas por nuestra experiencia contemporánea. Mediante este viaje pictórico abreviado, en el que lo diacrónico se recompone en lo sincrónico, es posible no sólo revivir diferentes modos de amor, sino también reflexionar sobre las vicisitudes humanas en tiempos de dinero divinizado (crematorio) y humano digitalizado.

¡Que tengas un buen viaje y felices fiestas!

Puntos de lectura
André Magnelli
23 de diciembre de 2020


Palimpsesto abreviado de
modos del amor

Gabriel Restrepo
(escritor y sociólogo)
(garestre@gmail.com)

Seminario San José Obrero
Corregimiento de La Esmeralda
Arauquita, Colombia

21 de diciembre 2020,
día de solsticio de invierno del hemisferio norte y de
solsticio de verano en el hemisferio de la Constelación del Sur,
coincidente con la aproximación de Júpiter y Saturno.


Mapa –  Veinticuatro dimensiones de Sentisapiencia
SentidoSensibilidadEntendimientoRazónCor/Razón
Sabiduría
OcularVistaMiradaVisiónVidencia
AuditivoOírEscucharAuscultarConsonancias y resonancias
a partir de
escucha profunda recíproca
OlfatoOlerHusmearOlfatearPerfume de suma gracia
GustoGustarDegustarCatarDeleite
Comensalismo
Communio
TactoTocarAbrazarLazo Socialcotangencia de caricias simbólicas
Sentido de los sentidosSexualidad y amor
Amor a sí
Amor de amantes
Amor marita
Amor maternal
Amor paternal
Sororidad
Fraternidad
Amor Filial
Amor psíquico
Amistad
Transferencia analítica
Pedagogía
(paida agein)
Psicagogía
(psique agein)
Mistagogia
(mistis agein)
Amor a Dios
Amor à Terra
Amor político
Amor institucional

Amor social incorpóreo:
compasión,
piedad
solidariedad
Eros como afección espiritual

Ágape

Caritas

Dos propiedades fundamentales

Cinestecia

Velocidad en ascenso y descenso como ductilidad de la correspondencia. Espíritu de fineza.

Sinestesia

Apoyo mutual e incluso trueque de los distintos sentidos, como ver por el tacto o por el oído e incluso cura de unos por medio de otros, en particular el amor en su segunda, tercera y cuarta dimensión que transforman por ejemplo la envidia (invidere) en videncia y el egoísmo en munificencia recíproca.

A modo de método

La composición de estas figuras en este palimpsesto muy parcial por selectivo se inspira en la famosa colección de la biblioteca Warburg (1866 – 1929) conocida como Atlas Mnemosyme ordenada como bricolaje en función de una potente idea: pathosformel (fórmulas de la pasión), centrada en la imaginería del Renacimiento.

Modos del amor

1. Amor Sideral / Amor Solar / Amor Teológico en la tradición patriarcal

Panteón romano de Agripa. Pan es todo, theos es Dios, así que es el lugar de todos los dioses, pero resulta obvio que se trata de los dioses a la medida del sol por el precioso domo que luce como el ojo en la pirámide que significará la equivalencia en la moneda y el billete del dólar de God y Gold: in go(l)d we trust.

La simonía (Hechos de los Apóstoles, 8: 9-24) traspasa las edades como heterotopía, de las pirámides egipcias y las construcciones griegas a la crematística contemporánea pues en este palimpsesto viajamos como en un trasportador a velocidad de la luz del Egipto milenario al imperio latino y al mundo moderno y contemporáneo.

Domo de Agripa, construido desde la época de Augusto, siglo I a la de Adriano, circa 126 D.J:
Miguel Ángel: bóveda de la capilla Sixtina. El renacimiento inicia el descenso de Dios a la tierra que culminará con su muerte:
Billete de un dólar: “el año en el cual inicia el nuevo orden de los siglos, 1776”, parece construida la pirámide en lingotes de oro:
Moneda de centavos de dólar en la cual se adjuntan las leyendas de Libertad y de “En dios confiamos”, perfecta traslación de la tesis de Max Weber en La Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo:

2. Entre el Mundo Antiguo y el Nuevo, y entre la tradición matriarcal y el legado patriarcal

Rafael de Urbino (1483 – 1520) no solo descubre con sus grandes pintores coetáneos, Miguel Ángel y Leonardo Da Vinci la perspectiva como profundidad del espacio y por tanto supera el primer plano tradicional, greco-romano y bizantino, sino a la par ensancha la temporalidad por el retorno del pasado. Prueba de ello su majestuoso fresco de la Academia de Atenas:

Rafael de Urbino, La Academia de Atenas, 1510– 512.

Fabulosa superposición de motivos paganos en espacios sagrados, reúne a 21 figuras de las ciencias del mundo griego, la mayoría filósofos y entre los cuales sólo se destaca una mujer, Hipatia, quien empero resulta ser en la composición un delicado travesti por tomarse de un modelo varón.

En estas bizarras aleaciones el genio renacentista amanece con no poco timbre esquizoide: fue el caso paradigmático del inigualable Leonardo Da Vinci (1542 – 1519) quien purgara a lo largo de su vida por reencarnar sin saberlo el mito del amor enunciado por Diotima en El Banquete de Sócrates/Platón: pues su padre era notario de Florencia y por vía paterna el hijo ingenioso reviviera en fantasma la figura de Poro, el exceso, la riqueza, en tanto que por su madre, una humilde campesina, repasaba el karma de Penía, la mujer indigente que para redimir su nulidad se acuesta con el Dios ebrio y pare un hijo bastardo que es el amor. Así se explica la dualidad del gigante artista cuando por un flanco diestro es prototipo de la techné militar con sus máquinas de guerra y por otro lado por amor a la madre la figura en el celestial elogio como La Mona Lisa. En su testamento, Leonardo se duele por no haber dedicado más tiempo al orbe femenino de su madre por prestar su talento a los príncipes de la época.

Mona Lisa (c. 1503–1506)
pintura de Da Vinci
Homem vitruviano (c. 1490)
deseño de Da Vinci
Ametralladora de cañón múltiple
invención de Da Vinci (c. 1480)

En el centro, el cuadro famoso de las proporciones humanas inspirado en Vitrubio, sirve para representar al propio creador, situado tenso entre el flanco izquierdo cordial de lo femenino y el diestro masculino de la guerra: equilibrio inestable entre la tradición matriarcal y la patriarcal.

3. El nacimiento y el renacimiento de la Filosofía como amor a la sabiduría por sa sabiduría del Amor

El poeta y gran estudioso de la mitología Robert Graves (1895 – 1985) argumentó la existencia de una gran diosa lunar, mucho más antigua que los dioses solares. Conjetura muy dilucidada por el infaltable Robert Campbell (1904 – 1987), este seguidor creativo de Jung y de Joyce cuando se refirió a una antiquísima guerra de dioses patriarcales emergentes contra el panteón femenino del arcano neolítico.

Así que no extrañará que en el renacimiento se vuelva a esa indestructible genealogía del eros. En la cual, por supuesto, figura la Venus y Afrodita emergiendo de entre el refugio del océano con su esplendida belleza, tal cual la pintó el florentino Sandro Botticelli (1445 –  1492) en el lienzo quizás más auroral del Renacimiento, no solo por ser pintado en 1484 sino, como es fácil de presumir, por ser muy permeado por el neoplatonismo tan extraordinario de la Academia de Florencia y en particular por Marsilio Ficino y Pico della Mirándolla, el escritor de tan portentoso “Discurso sobre la dignidad del hombre”.

La diosa emerge Nacimiento de Venus (1894) de Botticelli de un doble escondite: el océano y una concha que se abre como lo hace su sexualidad – aquí cubierta – en la concepción y en el parto:

Botticelli, Nacimiento de Venus (1894)

Si algo encarnó la obra de Ficcino fue la vuelta no solo al platonismo sino a la obra más socrática de Platón, El Banquete. Como diría Hegel, allí se transitó del mitologema al filosofema – añado yo: de la mano de la inmortal Diotima de Mantinea. Lo reprimido en el lienzo de la Academia de Atenas emerge a plena luz: el papel de la mujer como paridora de todos los seres humanos, pero además como partera del espíritu por el arte mayéutica forjado por Sócrates a partir de su madre comadrona y por ese espíritu del espíritu que es el cor/razón, la razón del corazón y el corazón de la razón. Pues en la obra más carnavalesca de Platón/Sócrates, Diotima impartió la lección inaugural de la filosofía, pues maestra psicagoga y mistagoga del joven Sócrates, como segunda madre lo inició en el amor a la sabiduría por la sabiduría del amor, retruécano sin el cual quedaría coja toda hermenéutica del Simposio, como ha quedado por la cicatería de la cauda de intérpretes que reducen su figura a ficción o prefieren centrarse, como Lacan en el Seminario de La Transferencia, en el episodio entre homoerótico y homosexual de la agalma en el duelo de Alcibíades con Sócrates pasando por alto los mitos y los argumentos de la sacerdotisa órfica-pitagórica en la arqueología del amor como Daimon o como hijo bastardo de la riqueza (Poro) y de la pobreza (Penía).

A diferencia de Platón y de Aristóteles muy tentados por el poder, Sócrates fue un filósofo artista y etnógrafo. Su voz potente emergió amamantada por la vox populi y la sabiduría oracular de las sibilas. El padre de Sócrates fue escultor y él mismo siguió su oficio como escultor. Se recuerda una célebre escultura de las Tres Gracias, por infortunio desaparecida, pero cuyo vestigio inconsciente se develaría por la pintura de Rafael con tal motivo:

Rafael de Urbino: Las tres gracia (1504)
Mujer y naturaleza en perspectiva sobre la tierra con la fruta del amor, la manzana filosófica.

Bien se puede inferir quiénes fueran el trasunto alegórico de las tres damas: La Verdad, la Bondad y la Belleza, tópicos que no por azar constituirán el corazón de la soberana épica del pensar en Kant: La Crítica de la Razón Pura, la Crítica de la Razón Práctica y la Crítica del Juicio. Nada menos: ciencia, ética y estética.

No hay ni tiempo, ni espacio para traer a cuento uno de los Sonetos a Orfeo de Rainer Maria Rilke (1875 – 1926) con este preciso motivo de las tres mujeres portadoras de la sapiencia o sabor vital.

4. De la Catedral Gótica y de la Pentecostés a la dínamo y a la electricidad

Contemplación es una palabra que deriva de cum templum, de meditar y orar bajo el templo. El primer e inconmensurable templo es el cosmos. Pero también la reunión de los fieles en una humilde casa forma un templo, como ocurrió en el episodio de la pentecostés narrado en los Hechos de los Apóstoles (2: 1-13). E incluso, como examinó Max Weber en su libro sobre el judaísmo, la destrucción del templo y el exilio en Babilonia determinaron que el íntimo corazón sirviera como el más perfecto templo, anticipo lejano de esa traslación de la religión a la conciencia interior, hoy puesta la fe en el corazón de la vulgar moneda en la liturgia mercurial de la crematística.

El Greco, La pentecostés (c. 1600)

En un monumental e imprescindible libro, La Educación de Henry Adams (1917), reputado por la Modern Library como el mejor libro de no ficción en lengua inglesa del siglo XX, junto en la ficción al Ulises de Joyce, el autor, Henry Adams (1838-1918), bisnieto del segundo presidente de Estados Unidos y nieto del quinto, comparó en un increíble capítulo a La Virgen y la Dínamo, así titulado, como fuentes de exuberante irradiación de energía, la primera la espiritual del amor, la segunda por difusión eléctrica. Lo hizo al asistir a la Exposición Universal de Paris en 1900 y transitar de la sala de máquinas a la catedral de Notre Dame de Paris.

Interior de la antigua Catedral de Notre Dame, por supuesto anterior a los incendios
y antes de la operación de cirugía estética a cargo en lo principal de las corporaciones francesas de belleza, moda y perfumería.

Quien fuera heredero de la más rancia sociedad bostoniana de estirpe WHASP (White, American, saxo Protestant) se había convertido al catolicismo por sus visitas a esta catedral y al monasterio del Monte Saint Michell en Normandía. Entre uno y otro lugar emparejó sus ficciones novelescas y su oficio como gran historiador de los padres fundadores de Estados Unidos con la historia medieval, pero siempre con un escalpelo para despellejarse en esa tarea de aprender a desaprender en el filo de los paradigmas científicos e ideológicos del siglo XIX, de los cuales no hay ninguno que se escape, de Darwin a Marx y de la termodinámica al romanticismo.

A poco menos de dos décadas de la muerte de Adams, Fritz Lang produciría su gigantesca película Metrópolis, en las albas todavía oscuras del ascenso de Hitler, 1927, por lo cual algunos de los motivos (el capitalismo corporativista como adaptación nazi del estado de bienestar prohijado por Bismark) inducidos por su guionista le forzaron a repudiar su obra. Que la debacle y el clímax de la película transcurra en el año 2026 es para situar esa cinta junto a la obra de 1984 de George Orwell.

Allí renace el mito neoplatónico de Poro y Penía de El Banquete. El hijo del gran magnate se enamora de una mujer pobre del submundo del trabajo preso de la gran máquina de la Dínamo, mujer cuyo nombre nada casual es María (la Dínamo aparece también por cierto en Tiempos Modernos de Chaplin). La magia negra del capital corporativo crea una réplica robótica de la mujer, como quien dice una mujer dínamo dispuesta a engañar y confundir a las masas trabajadoras sublevadas.

María la sanadora por amor y su doble maquinal operador de la magia negra en Metrópolis de Fritz Lang (1927)

El amor salvará y ello es anunciado por la María con una sentencia clásica:

«Mittler zwischen Hirn und Hand muss das Herz sein»
«Mediador entre el cerebro y la mano ha de ser el corazón»,

La frase es por cierto bonita pero engañosa. No sale de la condena digital hacia donde tornarán la tercera y la cuarta revoluciones luego de la industrial y de la eléctrica.

Pues allí no hay cuerpos enteros y por ende ni besos, ni abrazos, como no los hay en esta pandemia que acelera el paso hacia la inteligencia artificial, una que si encarnara la potencia de la multitud como inteligencia colectiva sería salvífica, en la vena de Teilhard du Chardin, Tony Negri y Pierre Lévy, según lo referencia en entrevista André Magnelli.

Como sí aparecen besos y abrazos en las siguientes imágenes:

Picasso: Arlequín y compañera (1901)
Picasso: La Amistad (1908)
Paul Klee, El beso, oil and gold leaf on canvas, 1907–1908

Y la siguiente es la figura del amor más necesaria en estos tiempos pálidos:

Miguel Ángel, La Piedad (entre 1498 y 1499)

Felices navidades!
Feliz día de inocentes!
Feliz año nuevo!
Feliz fiesta de la epifanía, la fiesta universal de los dones, el seis de enero!



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