Fios do tempo. Coronavirus: De la crisis del capitalismo neoliberal a las vías para una democracia convivencial

Hoy publicamos en español el artículo de Paulo Henrique Martins sobre la pandemia de coronavirus. En este artículo, Paulo Henrique analiza la actual crisis sistémica global, sus razones y sus posibles consecuencias. De manera decidida, también trae el debate de la convivencialidad (“convivialismo” en portugués), proponiendo que nos enfrentamos a la oportunidad de reconfigurar la relación entre humanos, naturaleza y técnicas. ¿Es posible evitar las posibles derivaciones autoritarias que están en marcha y hacer que una democracia convivencial emerja de esta crisis?

Estamos muy agradecidos con el libre-investigador amigo Hernando Sáenz Acosta, profesor de la Facultad de Sociología de la Universidad Santo Tomás (Bogotá, Colombia) por traducir el texto al español; y también con el también libre-investigador amigo Jaime-Torres Guillén, profesor de la Universidad de Guadalajara (México) por las aclaraciones terminológicas.

A. M.




Coronavirus:
De la crisis del capitalismo neoliberal a las vías para una democracia convivencial

Recife, 16 de Marzo de 2020

Este texto es una contribución que se viene realizando en el  Ateliê de Humanidades entorno al debate sobre la crisis sistémica que el capitalismo neoliberal está conociendo en la actualidad, por cuenta de la pandemia del coronavirus. Esta pandemia es la expresión de una familia de virus, ya conocida desde los años 60 que afecta el aparato respiratorio pero que ahora se difunde en proporciones globales nunca antes pensada. Esta es una novedad que puede ser objeto de discusión: el poder y la velocidad de una narrativa de crisis del neoliberalismo que se manifiesta históricamente no solo a partir de las instituciones económicas y financieras, sino también de un fenómeno patológico presente en el aparato fisiológico del humano viviente.  Esta novedad está encadenando acontecimientos económicos y políticos que alcanzan a todos los países e individuos, por el peso que representa para la vida de los humanos y para la sociedad de consumo.

El coronavirus revela con intensidad el pánico de individuos que no están preparados para lidiar con la perspectiva de la muerte física como un evento irreversible, que revela la fragilidad del modelo neoliberal de gestión de la vida predominante hasta el presente. Las falencias de un modelo de crecimiento apoyado en la acumulación de riquezas materiales y en la especulación financiera se sustentaban en tanto era posible conservar la idea de un futuro como un evento matemático que se suponía tendría en cuenta las especulaciones y depredaciones del presente. Con la crisis global provocada por el coronavirus desaparece la expectativa del mercado del futuro y la realidad se impone a los individuos, convidando a todos a transformar sus frustraciones y desesperanzas en elementos para crear una sociedad mundial más libre e igualitaria. 

Este texto se sitúa en la esfera de los debates generados por la Internacional Convivencionalista, un movimiento intelectual que ha reunido centenares de investigadores a favor de un mundo pos-neoliberal y que ya publicó dos manifiestos importantes en varios países de los cuales hablaremos en seguida. La crisis del modelo neoliberal ya prevista por los pensadores que vienen cuestionando las limitaciones del modelo puede reforzar no solo respuestas de tipo totalitario sino de tipo democrático. Todo depende del modo como los movimientos sociales e intelectuales van a lidiar con la crisis sistémica, aprovechando las brechas de poder abiertas para avanzar con las acciones emancipadoras. Hasta aquí, el pensamiento contra-hegemónico se enfrentaba con los límites dados por las fuerzas neoliberales en el área del control de las finanzas y las actividades económicas a nivel mundial y sus reflejos en las políticas a escala nacional. Ahora, se abren perspectivas de cambios efectivos que deben ser aprovechadas. El trabajo de la Internacional Convivencionalista contribuye, en mi opinión, para dar luces que ayuden a aclarar esta situación.

Imágenes de un evento anunciado

La literatura siempre se anticipa a los eventos históricos. Ella sugiere la llegada de aquellos que aún no estaban inscritos en la línea del tiempo y del raciocinio de los individuos bien sea a través de la fantasía, de los relatos e incluso de los silencios. Así pues, inspirado en los recuerdos de mis lecturas, la primera impresión que me llega al intentar abordar este tema es aquella sugerida por Gabriel García Márquez (1981), en su libro Crónicas de una muerte anunciada. En este libro se relata la situación de Santiago Nasar cuyo asesinato por venganza estaba anunciado sin que nadie pudiera salvarlo de su trágico final. Había una serie de coincidencias que apuntaban para una fatalidad incomprensible. El clima de la tragedia se percibía en los flujos de emociones intensas y desencontradas de los habitantes del lugar. En el libro el autor llama la atención sobre el hecho de que ese olor a muerto generaba culpa y remordimientos no solo entre los asesinos sino entre las personas que, por alguna comodidad, se habían eximido de responsabilidad para realizar alguna iniciativa que lograse interrumpir el circuito de la fatalidad.

El clima que vivimos en este momento, a nivel planetario, nos recuerda esa novela fantástica de Márquez. Esta crónica es interesante para pensar la situación actual del planeta con el evento del coronavirus. En este momento sentimos olores, recelos y dudas existenciales que parecían distantes hasta hace poco tiempo. Había en el aire, claramente, la sospecha de que el sistema capitalista estaba descontrolado anunciando la emergencia de un atractor, de un sistema dinámico que estaría evolucionando en una dirección que no era aquella que se esperaba inicialmente. De hecho, si en su aurora el capitalismo apareció como un rayo de sol que apuntaba hacia nuevos tiempos de claridad racional y bien-estar social, en los últimos años hemos observado otra imagen: la de un horizonte nublado en el cual el sistema humano se reproduce en franca decadencia moral y económica. Las evidencias de la crisis sistémica que se anunciaban eran muchas: extrema concentración de riquezas en las manos de pocas familias, aumento de la desigualdad social, crímenes ambientales, desaparición de las especies, desunión y odio aumentando la violencia y destejiendo las reglas, los valores y las costumbres que aseguraban, hasta aquí, el proceso civilizatorio.   

Los convivialistas y la enunciación de la crisis sistémica

La crisis del capitalismo neoliberal es un asunto que ya viene siendo discutido hace algunos años por los convivialistas que lanzaron dos manifiestos en favor de una nueva humanidad, el primero en 2013 y el segundo en 2020, y que fueron publicados en varios países. En esos manifiestos, firmados por investigadores reconocidos, la Internacional Convivencionalista presenta las causas de la crisis y ofrece los elementos necesarios para iniciativas con vista a su superación (Manifeste Convivialiste: Déclaration d’interdépendance, Paris: Le Bord de L’Eau, 2013; Second Manifeste Convivialiste. Pour un monde postneoliberal, Paris: Actes Sud, 2020). 

En el primer Manifiesto se recuerda el hecho de que la humanidad jamás tuvo a su disposición tantos recursos materiales y competencias técnicas y científicas para asegurar su bien-estar. Pero, advierte “nadie más es capaz de creer que esta acumulación de poder pueda continuar indefinidamente…sin afectarla a ella misma y sin amenazar la supervivencia física y moral de la humanidad” (p. 11-12). Las amenazas relacionadas en el Manifiesto son diversas pero no por azar son resaltadas las de tipo ecológico representadas en el calentamiento global, por la fragilidad de los ecosistemas y por la polución del aire, por los riesgos de las catástrofes nucleares y de la escasez de recursos energéticos, reflejándose e impactando sobre las demás variables económicas, sociales y políticas.

El Segundo Manifiesto Convivialista lanzado en 2020 profundiza y amplia el Primer Manifiesto, recordando, desde su inicio, las movilizaciones de la juventud que exigían al Estado y las grandes empresas decidirse a luchar contra el calentamiento global y contra la degradación del ambiente natural. El documento también alerta que “solo nos restan algunos años para invertir la dinámica que actualmente gobierna el mundo y evitar lo peor. Palabras y proclamas virtuosas no son suficientes ya sino van acompañadas por acciones. La procrastinación está por tornarse insoportable”. Los dos Manifiestos elaborados en corto tiempo uno respecto del otro proclaman la urgencia de reacciones amplias contra la amenaza inminente de eventos catastróficos, previniendo la aproximación del atractor, la crisis general del neoliberalismo y su ilusión mercantilista.

Lo que se pensaba era que la crisis explotaría en el campo de la política como reacción de los que sufren las injusticias frente a los impactos negativos del capitalismo neoliberal sobre la vida social y económica y sobre el medio ambiente. En esta dirección, se suponía que los actores internacionales a ser inmediatamente convocados serían los movimientos anticapitalistas, sociales, sindicales, identitários y en el seno de este los movimientos feministas, juveniles y ecológicos. Los demócratas liberales creían, de forma paralela, en la redención de los “buenos capitalistas” que deberían estar interesados en reordenar el capitalismo industrial y colocar límites a la especulación financiera y rentista. Pero no se veía con claridad la perspectiva de la ruptura del sistema capitalista en un plano que tiene repercusiones políticas, morales y económicas pero sobretodo eco-sistémicas, como constatamos en este momento. 

La Narrativa de la crisis y la muerte anunciada de la sociedad de consumo

Los convivialistas parten del principio que el utilitarismo económico y moral y el culto al consumismo son elementos de una patología social que fragiliza a los seres humanos e impide la liberación de una sociedad más convivencional. Sin embargo, no se esperaba que la ruptura de esa cadena utilitarista y consumista se hiciese con tanta velocidad y en niveles tan sorprendentes. El impacto mayor de la narrativa del coronavirus es que ella no apunta solo a grupos sociales de las sociedades periféricas que conocieron el dengue, el zika o el chikungunya, sino que se extiende sobre todo entre los grupos más ricos que tienen recursos para desplazarse a través de las ondas de los negocios, del consumo y de los gastos desproporcionados. El coronavirus afecta especialmente aquellos espacios de deseo que los ricos neoliberales más aman: aquellos de la libre circulación individual entre metrópolis con objetivos turísticos, de placer y de negocios. De repente, los sueños de los cruceros marítimos, de los viajes continentales, de los centros comerciales y de los conjuntos residenciales en varios países se manifiestan como pesadilla.

Lo que vemos es una crisis sistémica que tiene raíces en la economía, en la política, en la cultura pero sobretodo, en el desequilibrio ecológico, social y emocional del humano. El coronavirus se expande con velocidad no solo porque se aceleró la industria turística, el comercio internacional y las finanzas especulativas, sino porque el cuerpo humano fue intoxicado por venenos orgánicos y emocionales que debilitaron sus defensas inmunológicas. Los excesos de la sociedad utilitarista impulsados por el ansia de poder y de consumo material ilimitado llevo a esto. El nuevo elemento precipita necesariamente una discusión profunda sobre la crisis y nos invita a observar nuevamente algunas contribuciones fundamentales necesarias para re-pensar el paradigma del crecimiento ilimitado.

El capitalismo sin límites y la utopía convivencionalista

Iván Ilich en su libro Tools for conviviality (1973) ya señalaba la importancia de una revisión completa de los modos de organización de las sociedades. Para él, el desafío era saber cómo re-articular de otra forma la tríada milenaria entre hombre, herramienta y sociedad. El observaba que el exceso de inversiones en las técnicas con el objetivo de asegurar la producción de masa de bienes y servicios estaba contribuyendo a la destrucción de la sociedad moderna.  Illich recordaba los peligros de una sociedad fundada en los límites (hibris) del capitalismo, o sea, de un sistema que se reproduce sin obstáculos generando un profundo desequilibrio sistémico.   

El término convivencialidad, para él,  sería la base para repensarse una sociedad en la cual el hombre controla la herramienta. Así nace la utopía convivencial que inspira el Internacionalismo Convivencionalista. Vale recordar que el primer Manifiesto no surgió repentinamente en 2013. Él fue precedido de un debate que reunió a un grupo de convivialistas que estaban conectados con las contribuciones de autores tales como Illich, Mauss y otros. En 2010, Marc Humbert, profesor de la Universidad de Rennes estaba en Japón y tuvo la idea de organizar un debate involucrando colegas de MAUSS (Movimiento antiutilitarista en las Ciencias Sociales) para profundizar las perspectivas de una sociedad convivialista y antiutilitarista, siguiendo las orientaciones de autores como Mauss e Illich. De esa iniciativa surgió el libro De la convivialité: dialogues sur la societé conviviale à venir (A. Caillé, M. Humbert, S. Latouche e P. Viveret, París, La Découverte, 2011) que buscó colocar los elementos de un lenguaje crítico que no fuera solo anticapitalista sino que sirviera para profundizar en la búsqueda de nuevos sentidos frente a la crisis del neoliberalismo.

En la introducción del libro, Humbert resalta la importancia de extraer tres astillas “que penetran profundamente en la carne de nuestras sociedades”: un funcionamiento excesivamente centrado sobre la eficacia utilitarista, la focalización sobre un crecimiento que coloca en peligro la naturaleza y una cosificación-mercantilización generalizada que vuelve inhumanas a nuestras sociedades. Alain Caillé, en el artículo “En guise de prologue. Vers le convivialisme”, publicado en el libro citado, avanzó, entonces, algunos puntos fundamentales para pensar las salidas de la crisis que se dibujaba. Buscando apoyo en la lectura política de la dádiva que afirma estar presente en Marcel Mauss, él sugiere que la cuestión más importante del siglo XXI para enfrentarse con éxito frente a esa lógica desmedida, de esa hibris, sería la de entender “cómo evitar que una parte de la humanidad que se volvió más pobre por que la otra se volvió más rica, no opte por el estado de la naturaleza, esto es, de la guerra de todos contra todos en vez de la sociedad”  (Caillé, p.16, 21).

Para superar los impases, los Manifiestos buscan profundizar los nuevos sentidos de lo humano. En el Primer Manifiesto se sugiere como principios a ser seguidos aquellos de una humanidad común, de una sociabilidad común, de un principio de oposición regulada (2013, p.26-27). En el Segundo Manifiesto se agrega otro principio fundamental,  aquel de una naturalidad común. Esto en relación al hecho de que los humanos no viven fuera de la naturaleza pero hacen parte de ella y tienen responsabilidad por ella (2019, p.43). Nada podría ser más emblemático para la crítica de la narrativa de la crisis del coronavirus en este momento que esa comprensión de lo humano como una naturaleza ampliada. 

El coronavirus y las perspectivas de avance de una democracia convivencionalista

El coronavirus permite entender con más profundidad como se forma la crisis sistémica como un evento esperado e imprevisible que resulta de una serie de factores culturales, ecológicos, morales y afectivos. La perspectiva de la muerte física en masa que asusta, comprensiblemente, a las multitudes durante las épocas de guerra y las catástrofes naturales, emerge aquí como un hecho global e inédito. Su velocidad asusta a los calculadores y oportunistas de mercado que están más preocupados con los beneficios que con la vida humana. El coronavirus es un evento que desmitifica sobretodo la narrativa mítica de la inmortalización del ser humano –por el enriquecimiento, por el poder, por el consumo y por la medicalización – que a fin de cuentas, constituye la razón de los ricos del universo del neoliberalismo.

Pero la perspectiva real de que todos somos iguales y que podemos morir juntos plantea reflexiones importantes en relación a la cuestión de vivir juntos y sirve para preguntarnos por los criterios usados para distinguir, separar, discriminar y excluir. Igualmente para conciliar, ayudar, amar y solidarizarnos. 

Finalmente, la crisis sistémica del coronavirus nos invita a una reflexión importante que fue hecha por Edgar Morin hace décadas en su Le Paradigma Perdu: la nature humaine (París: Seuil, 1973). En este libro preparatorio para su propuesta de un método que incorpora los avances de la antropología, de la sociología, de la cibernética y de la biología (que fue el objeto de sus investigaciones posteriores, en los años ochenta) él nos convocó para pensar la organización de un nuevo paradigma capaz de superar la dicotomía entre naturaleza y cultura que se reproduce en los estudios sobre la sociedad. Para él, esta superación sería la condición para entender la muerte de una visión insular del hombre que se auto-idolatra, que venera la imagen de su racionalidad. Esta sería la condición, nos dice, para que se pueda liberar una ciencia policéntrica del hombre no solo en el plano bio-antropológico global sino también en el psico-social-cultural (op. Cit, p.211 y 218). La importancia señalada por Morin de la superación de la dicotomía entre hombre y cultura y también entre la vida y la naturaleza encierra una propuesta de revisión epistemológica que converge para aquello que proponen los demócratas convivialistas.

En términos prácticos, la construcción de un nuevo paradigma científico debe asociarse directamente con la organización de las políticas públicas económicas, sociales y culturales en el sentido de adopción de una planeación estatal más integrada en el corto, medio y largo plazo. La tesis neoliberal de disminución de la acción estatal y la maximización del mercado como regulador de la sociedad se sustentaba por encima de la premisa de que el progreso económico era una realidad incuestionable. Con la actual crisis, se observa que el mercado es totalmente incapaz de mantenerse como regulador institucional y político. Así, los países que están consiguiendo administrar el coronavirus con mayor eficiencia son justamente aquellos que poseen políticas públicas en salud bien articuladas. Vemos como la reacción de China controlando lo endémico y también vale destacar el caso de Cuba que aún no registró (hasta la fecha de esta publicación en 16 de marzo) casos de virus. Y los que conocen más dificultades son los que buscan valorizar la salud privada y desmantelar la posibilidad de una salud pública.

Las posibilidades de las sociedades periféricas de enfrentar la crisis del neoliberalismo en un contexto de caída de las bolsas de valores y de fuga de capitales para los sistemas financieros centrales dependen de las capacidades de esos Estados para retomar esa función de regulación y promoción de políticas públicas para la salud, la educación, empleo e infraestructura. Brasil es un país que tiene un sistema de salud complejo, el SUS (Sistema Único de Salud) pero que ha sido desvalorizado por las políticas de privatización de los cuidados en salud, en los últimos años. En este gobierno en particular presidido por Bolsonaro, las políticas económicas ultraliberales orientadas para desvalorizar el patrimonio estatal y las empresas de financiación de las actividades económicas como el BNDES (Banco Nacional de Desarrollo) hace al país mucho más vulnerable a la crisis sistémica. El manual de economía de Paulo Guedes (actual ministro de Economía en Brasil), estrechamente subordinado a los intereses de los grandes bancos, contempla no solo la organización de las acciones que faciliten la acumulación financiera sino también la concentración de la renta. Pero este manual es totalmente ineficaz en el momento en que los fundamentos concretos de los “ambientes de negocio” desaparecen.

Tenemos entonces aquí una agenda de debate interesante que, desde mi opinión, el Atelie de Humanidades debe asumir. Una agenda que contempla el análisis profundo de la crisis sistémica del neoliberalismo, los desafíos de retomar el lugar de Estado como planificador de las acciones públicas y de la sociedad nacional y las perspectivas de las luchas democráticas en el momento en que el pensamiento hegemónico neoliberal entra en falencia. 

Paulo Henrique Martins es profesor titular de la Universidad Federal de Pernambuco (UFPE), expresidente de la Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS) y libre-pensador amigo del Atelie de Humanidades. Autor de Itinerarios do dom: teoría e sentimento y Teoria critica da colonialidade, ambos publicados por la editorial del Atelie de Humanidades.


Paulo Henrique Martins es profesor titular de la Universidad Federal de Pernambuco (UFPE), expresidente de la Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS) y libre-investigador amigo del Atelie de Humanidades. Autor de Itinerarios do dom: teoría e sentimento y Teoria critica da colonialidade, ambos publicados por la editorial del Atelie de Humanidades.


Hernando Sáenz Acosta, profesor de la Facultad de Sociología de la Universidad Santo Tomás, Bogotá, Colombia. Libre-investigador amigo también del Atelie de Humanidades es economista y doctor en planeación urbana y regional dedicado a  los estudios urbanos desde una perspectiva convivencial.


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