Después del brillante texto de Pavel Rodríguez – Marrano Congo, Anima Scripta: una novela-umbral – sobre de la novela Marrano Congo, Anima Scripta, de Gabriel Restrepo, publicamos la reseña La lecto-creación de lo ficciorreal en Marrano Congo, de Gincy Mendivelso (doctora en Teoría Literaria y Literatura Comparada, profesora de la Corporación Universitaria Minuto de Dios-UNIMINUTO). También se publicarán en los Pontos de Leitura textos de Boris Esguerra, Francisco Jiménez, Yino Camacho y André Magnelli.
El libro Marrano Congo, Anima Scripta es editado por el Ateliê de Humanidades Editorial con coedición de El Búho Solar (dirigido por Pavel Eduardo Rodríguez). Se puede adquirir en Brasil en el sitio web del Ateliê de Humanidades y, en Colombia, a través de Gabriel Arturo Restrepo Bulla (whatsapp 3016227686).
¡Como siempre, les deseamos una excelente lectura!
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La lecto-creación de lo ficciorreal
en Marrano Congo
Gincy Mendivelso
Es un ejercicio bastante vanguardista el que el autor, Gabriel Restrepo, se propuso con su obra, y me refiero al insinuado sentido militar al que alude la palabra vanguardista, en este caso, a la unidad de palabras y silencios que avanzan al frente de la formación y de la creación literaria de los últimos tiempos y que, de forma simultánea, rompe con las líneas tradicionales de la escritura novelesca. Hubo momentos en que sentí que la novela Marrano Congo: Anima Scripta conversaba con la obra de Macedonio Fernández, El Museo de la Novela de la Eterna, en la que se increpa al lector de forma pública y abierta por existir, por darle vida a los personajes, por crear pausas en su proceso de construcción lectora. No obstante, la novela del maestro Restrepo, Marrano Congo, inicia con un juicio, no al lector, sino al autor –aunque en esta obra las figuras del autor y del lector funcionan como siameses–, pues el autor es quien zurce su destino en un alfabeto encriptado, en la voz de AbeceDiario Alfa, “escriba del demiurgo de las lenguas”1, y que se encuentra en la cripta de los deseos embalsamados. Mientras el lector es ese “deseo inconfesado” y que “somos nosotros mismos, para siempre prisioneros de la cripta”.2
La lectura de la obra constituye un reto estético, poético y cognitivo que evita las combinaciones lingüísticas fácilmente relacionales, lo que implica el conocimiento de una nueva forma de tejer las palabras entre sí; algunas mixturas entre los vocablos guardan una aparente desconexión con las estructuras lógicas gramaticales; sin embargo, la conjunción de las palabras en la novela Marrano Congo crea un ritmo interno que establece una lógica en la composición global de la obra; así, los sonidos de las palabras provocan nuevos significantes y, a su vez, nuevos modos de significación, a través del recurso de la paronomasia y de aliteración.
La lectura de la novela implica un ejercicio que desafía la costumbre lectora en la que, de entrada, se espera un conflicto que establezca el hilo conductor de la trama; en su lugar, la obra abre la pregunta sobre el valor ontológico de la ficción, y su consecuencia en lo que entendemos como realidad. Desde esta perspectiva, vale la pena recordar aquello que Lucero de Vivanco Roca Rey decía sobre la ficción, en su artículo El saber de los fantasmas: imaginarios y ficción y es que esta última –la ficción– es concebida “como una instancia privilegiada para la comprensión de la experiencia humana” (2009), la cita se vincula con la novela del escritor Gabriel Restrepo quien, a través de la ficción, empieza un viaje hacia su interior, y por los laberintos, del mismo autor –AbeceDiario Alfa, Gabriel Restrepo– quien crea con la materia fantasmal de los arquetipos y de los imaginarios de épocas, momentos, lugares emblemáticos y personajes que acompañaron la historia de la humanidad. No solo se trata de un alimento bidireccional entre la realidad y la ficción, sino de un ejercicio a través del cual se transforma la realidad, se transforma el autor, el protagonista y el/la lector/a desde el caótico universo literario de la obra.
Es así como la novela convierte en realidad la existencia de la editorial El Búho Solar, que está dentro de la trama de la obra y que, en el escenario de lo real, termina publicándole la novela al profesor Gabriel Restrepo, a través de la editorial que lleva el mismo nombre de la editorial de la ficción –esto es, Editorial El Búho Solar, Nuevo Reino de Granada–. De manera similar, la transcripción de la novela Marrano Congo está a cargo de uno de sus personajes –Lucinda, la secretaria– y cuyo reconocimiento aparece en la página legal de la novela. A su vez, quien firma la carátula de la obra y el copyright es AbeceDiario Alfa, el personaje principal y escritor de la obra inconclusa a la que solo el/la lector/a le dará fin. De esta forma, son los personajes de la ficción novelesca quienes transforman la realidad del escritor, para hacerse a un espacio dentro del universo factual. En esa misma línea, se podría decir que Marrano Congo. Anima Scripta fue escrita, transcrita y publicada por fantasmas que tomaron posesión del mundo real.
La novela encarna un saber con el que el escritor fabula sobre los distintos escenarios que ha habitado –a esta altura ya no sé si me refiero al escritor Gabriel Restrepo o a AbeceDiario Alfa, o a los dos– sobre sus temores, ejercicios de fe, sobre sus complejos y sus propias fantasías. Marrano Congo, y su ejército de fantasmas, encarnan un saber que persiste ante la negación del misterio proveniente del paradigma racional, la novela se levanta sobrenada con la perplejidad del saber que asciende desde el territorio neblinoso de lo ficciorreal.
Vale la pena enfatizar en que, aunque la novela está poblada por símbolos espectrales y por seres que siguen morando este mundo encarnado, y aunque estas dos formas de existir funcionan en paradigmas que no suelen asociarse –pues los primeros son conjurados por la fantasía, el sueño y el encantamiento; mientras que los otros seres que habitan su mundo literario pertenecen al conocimiento que nos brinda la historia, el saber científico, la cotidianidad y la reflexión–, la novela funciona como un interregno que ocurre entre la invocación del símbolo, que nos acerca más a la poesía, y la reflexión conceptual del mundo, cercana a la filosofía. De esta manera, los personajes de la obra cohabitan armónicamente en la trama sin que se sacrifiquen unos, a manera de tributo, para darle espacio a los otros. En su lugar, los fantasmas arrojan luz sobre los personajes tangibles a la razón. Justamente, en el capítulo titulado Alba Aurora. Sentencia del juicio, testimonio y testamento, en donde se prepara el suicidio simulado de un autor que se niega a dar cierre a su obra, aparece la siguiente solicitud:
¡Que arrecien preparativos para la escritura del carbón del punto final, la horca y que se apreste la escena para simular el suicidio de un demente! Porque, para sellar la revelación de la cripta, de la cual no saliste, en este salón se funden dos mundos antes disyuntivos: el solar y el lunar. Precipitarán tu exacerbada locura: el abrazo con tu carta postrera: el Colgado al Revés. Desolado escriba, tu luenga lengua penderá como excrecencia.3
En efecto, la novela celebra el final de dos mundos que se separaban para sacrificarse uno en pos de la consagración del otro, a cambio, nace una especie de ficciografía en donde estos dos mundos se funden –lo fantasmal y el escenario de los seres encarnados hijos del positivismo–. No obstante, no se trata simplemente de un fin, sino del comienzo de otro universo que ella nos brinda, y cuyo personaje principal se verá, inicialmente, como un “desolado escriba” hijo de una “luenga lengua” que puede ser percibida como “excrecencia”; pero que también ofrece la posibilidad de que su ficción sea concebida como “la necesidad de ampliar los horizontes de sentido en el mundo actual y de resituarse frente a escenarios en los que se han oscurecido las antiguas fronteras entre la realidad y la ficción”.4 En efecto, esta propiedad de la creación literaria que consiste en ensanchar el mundo y en dotarlo de trascendencia permite que podamos trasegar en esta realidad creada por ficciones que, a su vez, instituyen mundos historizados; pues la revelación que germina a partir de la palabra le da al ser humano la posibilidad de crear universos y habitarlos.
Hay una idea que desde que empecé a leer la obra me ha estado dando vueltas en la cabeza: se trata de la relación que establece la novela entre la imaginación y los espacios que ocupan los deseos. Esto es, “con los deseos cumplidos se construye el infierno; con las imágenes no realizadas, el limbo. Y con el deseo imaginado, con la pura palabra, la felicidad del paraíso”. Así, la imaginación funge como el paraíso prometido, en donde “los billones de billones de deseos irredentos se redimirían en mundos paralelos”5, en las lecturas de quienes nos acercamos a esta épica diaria de AbeceDiario Alfa, pues cada mundo paralelo creado es una interpretación nueva, y cada interpretación nueva constituye un espacio instituido. De modo que, como diría Wolfgang Iser en El proceso de lectura: “La obra de arte es la constitución del texto en la conciencia del lector”6, donde el autor y la lectora participan de un juego de “fantasía” que denominé para esta reflexión como, ficciorreal.
De este modo, la constitución de sentido que ocurre en la lectura de Marrano Congo se entiende como una de las tantas maneras de resignificación y formación de la obra, en la misma experiencia lectora, al captar los indicios en el texto para poblarlos con los actos representativos de quien hace la lectura. La instauración de una forma de sentido significa, además, que en la construcción de la trama –a partir de los indicios– radica también la posibilidad de formularnos a nosotros mismos, “descubriendo así lo que hasta entonces parecía sustraerse a nuestra conciencia. En este sentido, la literatura ofrece la oportunidad de formularnos nosotros mismos mediante la formulación de lo no formulado”;7 mediante los silencios a los que nos expone el autor, y sus intencionadas pausas:
El hecho de que la novela quedara en suspenso, a la espera de la construcción de un final, ocluida aún la Zeta, me parecía ardid, o celada, de un amo de las palabras y de las historias para enredarme, de modo que mis actos dementes escribieran la resolución de la obra con tinta y precio de vida, ahorcado en el juicio final, cuando los personajes se juntaran en la Alba Aurora para proclamar juicio y sentencia.8
De esta forma, aunque los personajes le reclamen al autor por los suspensos, las pausas, los silencios en la novela y la dificultad de un final, es el ejercicio lector quien, finalmente, zurce los agujeros narrativos que los mismos personajes señalan e increpan.
Es imposible hacer una lectura a la novela Marrano Congo: Anima Scripta sin caer en la tentación de la red intertextual de interpretaciones frente al hecho creativo; de modo que, en el marco de la lectura, pensé en el texto Conversaciones, de Gilles Deleuze quien agrega: “de mi generación algunos no consiguieron liberarse, otros sí, inventaron sus propios métodos y reglas nuevas, un tono diferente”.9 Dentro de mi lectura, interpreté esa liberación como la búsqueda de nuevas palabras y prístinos silencios, por parte del autor, superando cualquier estructura narrativa prefijada. De esta manera, la lectura de Marrano Congo me permitió incluir un pliegue en mis procesos creativos, una posibilidad de conversación desde la ficciografía con AbeceDiario Alfa. Hubo un momento de la obra en que escuché que el narrador me decía ¡levántate, imagina y crea! “Te hallarás. Hurgarás tus propios demonios en la piel de otro u otra”.10 Y justo, ese es el ejercicio al que nos invita Marrano Congo: Anima Scripta, con su lectura. Es un espacio en donde nos reconocemos a nosotros mismos en las letras de múltiples personajes que se desdoblan en esta lectura nómada, que va creando sus propios paisajes.
En esta breve reflexión, el término ficciografía funciona como pliegue de posibilidades lecto-creadoras, a través de los distintos lugares habitados por el protagonista de la obra. Los apuntes y las anotaciones que hice sobre la novela insinúan los modos de sentir y de atravesar el paisaje ficcioreal de la obra; para convertirse en un estilo de escritura, que conversa con los fantasmas que transitan las líneas de Marrano Congo: Anima Scripta. Esta novela que no se compone de narraciones o relatos, sino de territorios existenciales; como el infierno, el limbo, el paraíso, la calle del Cartucho, la iglesia del Voto Nacional, la conferencia de Solvay en 1927; todos esos pasajes laberínticos e indeterminados en donde habita el espíritu humano.
La novela compone una especie de rizoma, en tanto que conecta cualquier punto de la narración con otro y se desborda en los procesos de significación de todos los entrecruzamientos que nos ofrece la trama de la obra. De esta manera, “el rizoma está relacionado con un mapa que debe ser producido, construido, siempre desmontable, conectable y alterable, modificable, con múltiples entradas y salidas, con sus líneas de fuga”11, que mantienen la tensión constante entre fragmentos de la realidad y espacios imaginados por el autor; en los que se entrecruzan los lugares habitados por mujeres míticas como Penélope y las rutas del contrabando:
Sin hilo tan sutil, el Camino de Jerusalén será una de las muchas variantes de las rutas de fuga del contrabando, en un país cuyo contorno geográfico y variedad de ecosistemas, unido a su precario poder centrípeto, parecerá como los niños que juegan el juego de espernancados […]. De tales sobrecogimientos sabía Penélope sin tanta historia. Por lo cual, comenzó a otear resquicios, sin mediar un ábaco de economía, ni un mapamundi del contrabando, pero sí con la certeza de su habilidad como negociante.12
En la cita anterior de Marrano Congo, encontramos esos constantes entrecruzamientos espacio-temporales que permiten que el paisaje deambule en la ficciorrealidad, en geografías que invitan a la lectora y al lector a deslizarse para crear sinsentidos. De esta forma, aparece una lectura nómada, compuesta por rizomas, que exige al lector/a perder el miedo a la incertidumbre de la trama; para explorar nuevas combinaciones entre la fantasía y la realidad. Como lectora, debo decir que, a partir de la novela del maestro Restrepo, conservo las resonancias discursivas que alientan a explorar nuevos caminos literarios, a inventar una nueva forma de deambular entre las letras, los tiempos y la geografía; en los que se abandone el temor de crear mapas rizomáticos, indeterminados, incluso, a ratos inconexos; para configurar nuevas rutas de la experiencia humana y lectora.
Claramente, es una novela experimental, cuyo hilo narrativo se trenza desde distintas perspectivas cartográficas. Las combinaciones discursivas que establece el autor son novedosas, y no se circunscriben a las dinámicas de un género literario estático; sino que, por el contrario, noveliza distintas formas de expresión narrativa y poética. Esto es, el narrador empieza con un relato de exposición de un juicio al escritor, pasa a la descripción poética de la cripta, compone reflexiones filosóficas potentes, algunas de ellas en el marco de la corriente de la consciencia; nos presenta personajes arquetípicos con Cinderella en las cartas del tarot y con Violeta quien más que una ambigüedad latente es un oxímoron, como “el sol negro en rugido silencio; hervor helado”.13 Por esta misma vía, la obra interroga a la mismidad, y la partícula más minúscula de Yo que se deshace entre el infinito y la nada. Y, así mismo, el territorio de la novela es habitado por múltiples Yo.
En el texto, La División de lo sensible. Estética y política Jacques Rancière dice que tanto la ficción como la poesía son un “modo nuevo de racionalidad” con los que se exploran nuevos sentidos de lo real, pero, además, sentidos que difuminan la frontera entre la lógica de los hechos y la lógica de la ficción.14 Aunque el escritor Gabriel Restrepo nos anticipe con uno de sus personajes – “Confieso mi ansiedad por ponerle yo misma punto final a esta historieta, ya que el presunto escritor demuestra minusvalía para proseguirla y culminarla. El anterior pasaje es pura ficción, y pudiera declararlo ante notario y con testigos […]” – lo más bello del asunto es que, en este juego serio entre el autor, el narrador, su personaje y la lectora, ocurre una conspiración silenciosa para peregrinar en esos caminos borrosos en los que confluyen la realidad y la ficción. Tal y como aparece en capítulo titulado Ante el espejo vacío un espectro…Al mamarte el alma mater y del amor a Marte:
Después de la evocación de las tres caídas y de las reyertas con la Analítica y Anaclítica Dama, me hundí unas noches en el foso de La Rotonda, sin saber cuántas, roto el calendario. Odette ganaba la partida. Las cartas del Loco, del Colgado y de la Caída de la Torre sobresalían de la baraja.15
En esta parte de la novela se crea un modo de racionalidad que se halla en las intersecciones creadas por el entrecruzamiento del universo onírico, el correlato narrativo de los arcanos, la evocación de las caídas, el foso de la Rotonda y la ruptura del tiempo.
Y de esta forma, en una fulminante elección y combinación de las palabras, transcurre una obra en la que brotan distintas voces que no eligieron ser creadas; pero que, en el territorio de lo ficcioreal, existen: “En la escala alfabético, por la cual asciende y desciende, estremecen cuatro letras: ELLA. Con pavor descompone: EL/LA. Pausa en neutro rellano: EL/LO. Se frunce al computar EL/LE. Y al cabo resta lelo y alelado en fantasmal alelo”.16 En lo personal, me gustan esas L de las múltiples voces que instituyen los abismos, en unos personajes indeterminados que no saben que se han desprendido de los sueños de su autor en un exilio forzado, y que él requiere recuperarlos a través de la escritura de Marrano Congo: Anima Scripta 1998 2025, esta novela que nos muestra que tanto la realidad como la imaginación convergen en el lenguaje simbólico; y que la literatura contribuye en la construcción de la historia, que trasciende y se engrandece a través de las antorchas que encienden los fantasmas en los rincones oscuros de la realidad.
Notas
1 Restrepo, Gabriel; AbeceDiario Alfa (2025) Marrano Congo, Anima Scripta 1998-2025. Rio de Janeiro/Bogotá: Ateliê de Humanidades Editorial/El Buho Solar, p. 11.
2 Ibid., p. 12.
3 Ibid., p. 627.
4 De Vivanco Roca Rey, Lucero (2009) El saber de los fantasmas: imaginarios y ficción, Alpha (Osorno), 29, p. 217-232.
5 Restrepo, Gabriel; AbeceDiario Alfa (2025) Marrano Congo, Anima Scripta 1998-2025, op. cit., p. 10.
6 Iser, Wolfgang (2020) El proceso de lectura: una perspectiva fenomenológica. Universidad Nacional de La Plata, Facultad de Periodismo y Comunicación Social.
7 Ibid., p. 164.
8 Restrepo, Gabriel; AbeceDiario Alfa (2025) Marrano Congo, Anima Scripta 1998-2025, op. cit., p. 576.
9 Deleuze, Gilles (2014) Conversaciones. Editorial Pre-textos, p. 13.
10 Restrepo, Gabriel; AbeceDiario Alfa (2025) Marrano Congo, Anima Scripta 1998-2025, op. cit., p. 168.
11 Deleuze, Gilles; Guattari, Félix (2015) Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. Editorial Pre-Textos, p. 25-6.
12 Restrepo, Gabriel; AbeceDiario Alfa (2025) Marrano Congo, Anima Scripta 1998-2025, op. cit., p. 452-3.
13 Ibid., p. 42.
14 Rancière, Jacques [2000] (2009) La división de los sensible. Estética y política. LOM Ediciones.
15 Restrepo, Gabriel; AbeceDiario Alfa (2025) Marrano Congo, Anima Scripta 1998-2025, op. cit., p. 435.
16 Ibid., p. 19.
Referencias
Deleuze, Gilles (2014) Conversaciones. Editorial Pre-textos.
Deleuze, Gilles; Guattari, Félix (2015) Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. Editorial Pre-Textos.
De Vivanco Roca Rey, Lucero (2009) El saber de los fantasmas: imaginarios y ficción, Alpha (Osorno), 29, p. 217-232.
Restrepo, Gabriel; AbeceDiario Alfa (2025) Marrano Congo, Anima Scripta 1998-2025. Rio de Janeiro/Bogotá: Ateliê de Humanidades Editorial/El Buho Solar.
Iser, Wolfgang (2020) El proceso de lectura: una perspectiva fenomenológica. Universidad Nacional de La Plata, Facultad de Periodismo y Comunicación Social.
Rancière, Jacques [2000] (2009) La división de los sensible. Estética y política. LOM Ediciones.
Catálogo do Ateliê de Humanidades Editorial



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