Desde la publicación de «La lucha por el reconocimiento» de Axel Honneth, la cuestión del reconocimiento ha animado enormemente la reflexión y el debate en filosofía y ciencias sociales. En «El camino del reconocimiento», Paul Ricoeur afirmaba la centralidad del problema del reconocimiento para la filosofía y lamentaba la ausencia de una «filosofía del reconocimiento».
Estas notas de Gabriel Restrepo pueden verse como una suma de tal filosofía del reconocimiento de la que carecemos. Como resultado maduro de su «Teoría dramática y tramática de lo social», Restrepo recorre el camino de una teoría ampliada del reconocimiento como medio por excelencia de la sabiduría filosófica. Para ello, conecta la doble naturaleza de la experiencia del reconocimiento: como Anerkennung (Hegel) y como Anagnórisis (Aristóteles).
El máximo reconocimiento sólo es posible combinando la dialéctica intersubjetiva con la peripecia de la trama poética. Sin embargo, a diferencia de un tratado filosófico al estilo alemán o de una árida escritura aristotélica, Restrepo emprende una reflexión aforística, más compatible, tal vez, con la «dialéctica paradójica» que procede de «una sabiduría carnavalesca». Él teje así una verdadera historia de la filosofía a través del problema del reconocimiento y a la luz de la sapiencia. Su núcleo es quizá la cuestión de Plauto: el hombre es un lobo para el hombre desde el momento en que no se/le reconoce. Este es el problema de fondo del daimon filosófico. No es casualidad que esta filosofía del reconocimiento conduzca a una reflexión sobre la ambigüedad del concepto alemán de Bildung: «El conocimiento externo objetivo y el reconocimiento intersubjetivo sólo pueden conciliarse y enriquecerse mediante el conocimiento interno y el reconocimiento profundo de uno mismo. Sólo entonces podrá superarse, o al menos aliviarse, la entropía personal y colectiva».
André Magnelli
Fios do Tempo/Cadernos do Ateliê
10 de setembro de 2024

Ou faça um pix e nos fortaleça!

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Una filosofía doble y potente del reconocimiento:
hacia un modelo de la sabiduría filosófica
Gabriel Restrepo, GAR
Bogotá,
viernes dos a domingo cuatro de agosto de 2024
Presento a modo de tesis nuevos descubrimientos en torno al problema del reconocimiento y a otros temas subyacentes en el ensayo propuesto para la realización del video en Palabreando con Sofía, de la Universidad Abierta y a Distancia, UNAD, titulado América Ladina. Una razón potente: Poiesis, don, eros y ágape.1
Ofrezco estas cincuenta notas a colegas de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia, UNAD, como una especie de brindis espiritual por servir a la consolidación del proyecto institucional que yo, un simple licenciado en sociología, contribuí a crear otrora en el segundo semestre de 1982.
Mi relación con la Universidad Abierta y a Distancia es muy antigua. En 1982 o 1983 firmé el acta de la Junta Directiva del ICFES con la aprobación de UNISUR como delegado del Departamento Nacional de Planeación. Y en mi calidad de Jefe de la Unidad de Desarrollo Social se asignaron las inversiones para su establecimiento, además de incorporar la estrategia de educación a distancia en el plan de desarrollo Cambio con Equidad, cuya estrategia general fue formulada por mí, junto a los programas sectoriales diseñados por las distintas divisiones de la Unidad, supervisados por mí junto al seguimiento de las inversiones anuales. Hacia 1998 diseñé no menos de ocho programas virtuales en torno a las dimensiones de las ciencias sociales. Por último, hace cerca de ocho o diez años diseñé los pilares de la estrategia de la Colombia profunda que fuera asumida por el departamento de sociología y expandido a otros programas.
Fundamentos de un modelo de sabiduría filosófica
1. Es una fortuna que la palabra reconocer en castellano sea un palíndromo, lo cual significa que puede leerse al derecho y al revés.
2. Vale la pena usar el retruécano (acepción retórica similar al palíndromo) como un artificio que no es un mero calambur del lenguaje, pues descubre en la doble inversión maravillas inéditas del pensamiento.
3. Pues si en las dos direcciones hay igualdad léxica y semántica, las distinciones adquieren una potencia semiótica extraordinaria.
4. Exponer el derecho y el revés, o el revés del derecho, y el derecho del revés, ha sido posible por una dialéctica paradójica que por provenir de una sabiduría del carnaval exalta tanto la oposición como la convergencia de contrarios.
5. La dialéctica paradójica reverencia a su santo patrón, Nicolás de Cusa (1401 – 1463): situado entre lo antiguo y lo moderno, asombrado por los límites, pensó el abismo propuesto por la coincidentia opositorum, la coincidencia de los opuestos.
6. En primer lugar, la palabra reconocer significa un doble conocimiento, o mejor, un conocimiento del conocimiento, un conocer del conocer.
7. Por ende, el verbo reconocer entraña lo más hondo de la gnoseología.2 Y no es sólo un juego de palabras, porque el conocer el conocer es problema medular de la filosofía.
8. En el mismo camino, conocer el conocer, esto es: reconocer, como volver a conocer lo conocido, es el corazón de la epistemología, ámbito semejante al anterior, sólo que añade el vector de la búsqueda de la verdad y de sus estrategias de verificación.3
9. Por la misma vía una teoría del reconocimiento, tal como la desplegaré, es una nueva perspectiva para develar las claves de una teoría más sólida y enriquecida del conocimiento.
10. Pero en este momento se impone examinar qué significa reconocer si se lee de izquierda a derecha, como es corriente y, en correspondencia, qué se puede comprender si en opuesto sentido se invierte el concepto al leerlo y entenderlo de derecha a izquierda.
11. Por tal camino, que es algo más que un recurso mnemotécnico, se avendrá a un descubrimiento extraordinario, porque se admitirá que la gnoseología, la epistemología y la teoría del conocimiento se anudan en el paradigma de una teoría ampliada del reconocimiento con una teoría y, aún con una fisiología de las pasiones personales y sociales, de modo que, sin salir del modelo de sabiduría filosófica, se añaden dimensiones anatómicas, psicológicas y sociológicas cardinales para develar nuestra existencia como natura naturans (naturaleza sensitiva y pensante) que se piensa a sí mismas cuando piensa a la naturaleza en toda su plenitud (natura naturata), partiendo de su propia naturaleza como “frágil caña pensante” (Pascal) y como “pobre barro pensativo” (César Vallejo). El modelo forma parte esencial de una Teoría Dramática y Tramática de las Sociedades, elaborada en el paso de muchos decenios.
12. El modelo de sabiduría filosófica aprecia y apropia hasta donde es humanamente posible en estas latitudes tanto la ontología y la fenomenología, como también la teología y la metafísica.
13. No se desdeñan las divisiones canónicas de la filosofía y de las ciencias sociales, y por tanto su vocación transdisciplinar se ampara, como es ya un lugar común desde el manifiesto de transdisciplinariedad formulado hacia 1992 en Arrábida por Edgar Morin y otros, es un peldaño que supone y alaba tanto la disciplinariedad como la interdisciplinariedad, pues estas son dos escalones imprescindibles para acceder a un tercer nivel.
14. Se propone ser tan pertinente4 como relevante.5 Por tanto, a conciliar al máximo grado posible las tradiciones locales con los saberes universales, sin desdeñar los problemas sugeridos por las corrientes llamadas “decoloniales”.
15. El modelo de sabiduría filosófica es sinóptico6, panóptico7, sincrético8 y complejo9 y, por ende, al ser kinestésico y cinestésico promueve una celeridad para el traslado y traducción de saberes múltiples y distintos.
16. Como se argüirá en otras tesis, este saber deriva de una profunda introspección extrospectiva (valídese el oxímoron derivado de la dialéctica paradójica). La primera, proviene de la principal fuente: los diarios nocturnos llevados con obsesión desde 1963. La segunda, del aprender a aprender las lecciones de aldea, nación, región y mundo.
17. La sabiduría filosófica no podría prescindir de anclar bien firme en el bucle entre cuerpo y conciencia, siempre partiendo del axioma de que sobre ellas se extiende un inconsciente personal y universal extraordinario.
18. El re/conocimiento se desdobla en dos dimensiones, una intersubjetiva y por ende social, y otra objetiva, y por ende en principio despersonalizada. Aquí nos ocuparemos de la primera, sin desdeñar su importancia para la segunda, partiendo de la premisa de que conocer y aún más, reconocer, supone un acto reflejo de conocerse y reconocerse.
19. Las oportunidades, así como también las dificultades para examinar el reconocimiento intersubjetivo, se pueden condensar en cinco sentencias de distintas épocas: la arcana sabiduría oracular de Heráclito expresa la órbita inabarcable de la conciencia de sí: “por más que circunscribas el ámbito de tu alma nunca hallarás los límites, tan insondable es” (cito de memoria). Plauto, en su comedia ansinaria: “el hombre es lobo para el hombre, siempre que el hombre no comprenda al hombre” (cito de memoria). Shakespeare, por boca de Hamlet en el V acto: “pretender conocer a otro es pretender conocerse a sí mismo” (cito de memoria). El mismo autor, en pasaje que no he hallado, tal vez el Rey Lear: “si a cada hombre se le diera lo que merece, no bastarían los azotes del mundo para darle su merecido”. Goethe, en pasaje no preciso: “conócete a ti mismo y saldrás huyendo”.
20. El palíndromo reconocer se distingue por dos conceptos: si se lee de izquierda a derecha se distinguirá como anerkennen (verbo) y Anerkennung (sustantivo). Por oposición, si se lee de derecha a izquierda se referirá al concepto griego preciso de Anagnórisis. La tesis que se sustentará apunta a que un reconocimiento máximo sólo será posible si se conjugan las dos modalidades.
Reconocer como Anerkennung
Acto de adentro hacia fuera y leído de izquierdaa derecha
21. Por tanto, es preciso comenzar por el problema clásico del reconocimiento tal como fuera formulado por Hegel en el pasaje del amo y del esclavo (o señor y siervo) de la Fenomenología del Espíritu, retomado por Marx, y reexaminado por Honneth y Ricoeur, esto es: el anerkennen como verbo o la Anerkennung como sustantivo.
22. En el sustrato del concepto de anerkennen hay que situar tres precedentes: el primero, decisivo, Hobbes, quien toma el verso de Plauto: el hombre es lobo para el hombre, pero recorta el verso al omitir el condicional: si el hombre no comprende al hombre. La fuente es el capítulo XIII de la primera parte de El Leviatán. En términos contemporáneos, el pensador inglés supone un estado natural de competencia perfecto al imaginar la proliferación de juegos de suma cero, en los cuales un competidor pierde lo que otro gana, sea poder, dinero o estima. Al expandirse tales juegos, se llega a otro estadio más severo: la tragedia de los comunes, en la cual todos los competidores pierden. Para salvar esa degradación, Hobbes introduce la figura del Leviatán, un Estado tan potente e investido de fuerza teológica que todos los competidores han de ceder parte de su voluntad a favor de la voluntad del soberano, destinada a sofrenar la expansión de las violencias, por fuerza y justicia. No se oculta la paradoja de un Estado fundado en la violencia para controlar la violencia, con lo cual, como muchos han examinado, el Estado Leviatán es un monstruo racional en la secuela de El Príncipe de Maquiavelo.
23. El segundo es la idea opuesta de Rousseau al imaginar un estado natural de benevolencia e idear un Contrato Social por medio del cual el soberano, como portador del bien común, encarne la supuesta voluntad general. Esto significa un Estado supuestamente benevolente, lo cual es a todas luces una contradicción en los términos.
24. La tercera vía es la de Kant cuando plantea la condición humana mediante un oxímoron: ungesellige Geselligkeit: sociabilidad insociable. Es el resultado de yuxtaponer los principios contradictorios de Hobbes, rivalidad insociable, y de Rousseau, sociabilidad benevolente.
25. Con el concepto de anerkennen, reconocer, Hegel aspiró a superar mediante su dialéctica del espíritu la anterior antítesis. El verbo y el sustantivo alemanes antepuestos al verbo kennen y al sustantivo Kennung, conocer y conocimiento inmediato (distinto al Erkennung, que es un conocer filosófico, por ende, mediado), se califican por el prefijo an, el cual significa algo distinto a la preposición neben. Como sucederá con el concepto de anagnórisis, ambos llevan el prefijo alemán an y el griego ana. Ambos entrañan contigüidad por metonimia (algo exterior que se aproxima a algo interior), pero el primero se descifraría como junto a, mejor que al lado de, lo cual quiere decir que es más próximo a alguien o a algo, sin llega a romantizar como juntanza, por la sencilla razón de que se sospecha por experiencia que no hay nada más lejano que lo próximo (o que el próximo), como fuera patente en la distancia abismal entre el amo y el esclavo, pese a su proximidad.
26. El reconocimiento como anerkennen (de izquierda a derecha), se logra por tres vías con distintas modalidades. La guerra induce el reconocimiento por medio del vencimiento, sometimiento que arrastra la posibilidad de una prolongación y expansión incesante de los antagonismos radicales debida a la búsqueda de revancha. Transferido el antagonismo a la política, esto es: del campo de marte al foro, se produce por convencimiento, debido el empleo de la razón argumentativa o, en la versión de Habermas, por la razón comunicativa: una y otra entrelazan a los sujetos mediante la ley consensuada, dependiente de una eticidad colectiva que para Hegel señala el camino de la ampliación del espíritu. Dicha eticidad se forma en el laboratorio de una Bildung indispensable para la formación de conciudadanos, siendo la escuela la continuidad de la crianza por otros medios, a su vez sucedida por colegios y universidades y reforzada por el poder mediático (aunque el poder académico y el poder mediático disten de corresponderse).
27. Pero el reconocimiento como comprensión recíproca en el plano exterior, leído de izquierda a derecha, ocurre de modo simultáneo por los modos de producción, cuando señor y siervo transforman sus relaciones mediante el trabajo. Idea seminal para Marx, a mi juicio ambos desestimaron otro modo de fructificar la conciencia de sí y del otro inducida, ya no por guerra, por la política o por trabajo, sino por la cooperación derivada de los gremios artesanales regidos por aprendizaje recíproco en la producción de la obra, una en la cual el aprendiz puede alcanzar el estatuto libre del maestro, y por ende las relaciones no son tan jerárquicas como las presentes en el trabajo, las cuales llevarán a Marx a introducir el nuevo antagonismo radical entre capitalistas y proletarios y a disolver la conciencia de sí en la conciencia de clase.
28. El siglo XIX basculará entre idealismo (tradición de Hegel) y materialismo (secuelas de Marx) con distintas variantes como el positivismo, el utilitarismo y el liberalismo, la filología y la hermenéutica, el romanticismo y las distintas vertientes de socialismo y marxismo.
29. En medio de ellas e, incluso, a contrapelo, emergieron variantes que retomaron la tradición del estudio de las pasiones sociales que fueran expuestas con anterioridad por Richard Burton en su inigualable libro Anatomía de la melancolía:Spinoza con su división de pasiones tristes y alegres; Hume con su distinción entre pasiones violentas y calmas.
30. Spinoza expuso el concepto crucial de conatus como tendencia de un ente a seguir siendo lo que es, secundado por Hume con su análogo concepto de habitus, nociones cardinales para una filosofía de las costumbres, por ende de la moralidad y del llamado Common Sense, en cierta forma retomadas por Freud con su idea fuerza de la tendencia a la repetición (wiederholung), pulsión, compulsión e, incluso, adicción, en tanto que el concepto de habitus como iteración y reiteración de la conducta será uno de los pilares de la sociología de Bourdieu. Sin olvidar que la sociología nace en Estados Unidos como una ciencia de las mores, esto es de las costumbres.
31. Aunque fecunda la noción de conatus de Spinoza, arrastra un doble problema: pues si bien cada ente tiende a la subsistencia y reiteración, debiera aparearse con una vuelta que indique que cada ser tiende a seguir siendo lo que es, pero también a dejar de ser lo que se ha sido y alcanzar a ser lo que bien pudiera llegar a ser por estar en potencia contenido en el plano de cada ente. En ese sentido el pensamiento de Spinoza es en este aspecto conservador, y también es correlativo a otra limitación del filósofo sefaradí: pues no le alcanzaron vida o inspiración para demostrar cómo las pasiones tristes pueden transformarse en alegres, lo mismo que éstas en tristes. Su repudio a la distinción aristotélica de potencia y acto le impidió, junto a su corta vida, arribar a estas transformaciones, pero además la conciencia histórica no había permeado a la filosofía, como tampoco la idea de evolución.
32. Tres grandes pensadores flotan entre el idealismo y el materialismo, formidables por afianzar una filosofía y aún una fisiognomía de las pasiones que ahondará el problema de la insondable conciencia de sí y de los lazos sociales hasta desembocar en Freud y Lacan, de un lado, y Jung del otro, como también para abrir la vía hacia Heiddeger, Husserl, Levinas, Deleuze, Derrida, Foucault y otros: Schopenhauer con una síntesis entre cristianismo y budismo abrió la caja de pandora de la voluntad como deseo tortuoso e incesante. Por su parte Kierkegaard desde su crítica profunda al luteranismo sentó las bases de una filosofía de la existencia signada por la culpa, la angustia y el laberinto del amor. Partiendo de ellos dos, pero desasido de su tutela, Nietzsche le puso cuerpo a la filosofía, por ende pasiones, examinadas en torno a tres ideas fuerza: el eterno retorno de lo igual (en el cual se traslucen y expanden las nociones de conatus y de habitus); la transvaloración de todos los valores (esencial para comprender la moral desde perspectivas históricas críticas); y la voluntad de poder, como una afirmación de la potencia de la voluntad hacia la idea de un sobrehumano, un ser situado más allá de sus límites históricos gracias al heroísmo de una voluntad libre no desdeñosa empero de la fuerza de la tradición plasmadas en sus figuras del niño (figura que encarna lo que a mi juicio es el pensamiento convergente, esto es envuelto en el manto del conatus), el león (idea de la fuerza disruptiva del pensamiento divergente, o sea el martillo de pregunta y heterodoxia) y del camello (la fuerza de voluntad para perseverar en el asombro, la pregunta y la búsqueda).
33. ¿Qué significación atribuye el modelo de una sabiduría filosófica a la lateralidad significada en el verbo reconocer leído de izquierda a derecha? Dos formidables correspondencias. La primera es la articulación con el cuerpo físico (por redundancia obligada) y en particular con el sistema nervioso autónomo. El costado derecho corresponde al sistema simpático en la figura humana. Comandado por el cerebro izquierdo, rige los estados de miedo y de fuerza (bien empotrados en el sistema límbico común a reptiles y mamíferos en su lucha por sobrevivir en un territorio), con las secuelas de mandato y de ley. Esta dirección del cuerpo y del cerebro es digital, pues confluye en los dedos que suman y teclean, y se expresa en series digitales e, incluso, en el indicio del puño cerrado. Por contraste, como argüiré luego, el otro costado, esto es, el que corre de izquierda a derecha es analógico y afectivo en acorde con el sistema parasimpático emocional que rige la distención física y temperamental desde el comando del hemisferio derecho del cerebro. En el centro del cerebro media el cuerpo calloso y en el centro del pecho el timo. La salud y la concordia dependen del equilibrio rítmico de los dos costados. La inteligencia artificial es digital y por ello huérfana de la profundidad analógica y de la fuerza empática del sistema parasimpático. La ideología es serial y digital, en cambio los imaginarios y el sueño son analógicos. Así como la vida alterna la seriedad y la tensión del día con la fantasía y distensión onírica de la noche, el pensar entrevera la rigidez lineal con la sinuosidad analógica.
34. La dirección de la secuencia de izquierda a derecha del verbo reconocer es también alopática. El prefijo alo indica lo exterior, aquí unido al pathos, pasión externa, no interna. Así como de la tesis anterior se toman figuraciones cruciales de la medicina, relativas al nexo del cerebro con el sistema nervioso autónomo, así también el modelo de sabiduría filosófica derivado de la doble lectura del verbo reconocer, toma prestada de la clásica división funcional y estructural de las ciencias de la salud la distinción entre alopatía y homeopatía. Erige de estas nociones unas cosmovisiones filosóficas alternas y, empero, complementarias.
35. Una cosmovisión alopática se rige por la máxima latina contrarius contraribus curantur, lo contrario cura lo contrario, como en la aplicación de la penicilina para combatir ciertas enfermedades. En el modelo convencional del reconocer, esto es, leído de izquierda a derecha, ello significa una primera matriz derivada de la confrontación absoluta en las guerras, pero también en la forma más radical de teoría de la soberanía, la de Carl Schmitt, entraña definirla en términos antagónicos como oposición radical de amigos contra enemigos. Que este principio derive en dimensiones raciales como la del nazismo, ya estaba prefigurado en el tercer atributo de la trinidad revolucionaria francesa, pues la fraternidad es un concepto de anclaje biológico. Pero aún cuando la guerra es sucedida por la política ejercida en los foros, aunque el antagonismo radical se modere por la rivalidad de partidos o fracciones políticas, subsiste un cariz alopático de su ejercicio, tantas veces proclive a retornar a los campos de marte, si fracasan en crear y enriquecer solidaridades orgánicas, debido al predominio de solidaridades mecánicas, esto es: compulsivas y coactivas por factores de raza o de adscripción de convicciones monolíticas.
Reconocer como anagnórisis
acto de afuera hacia dentro y leído de derecha a izquierda
36. El concepto de anagnórisis es tomado del Arte Poética de Aristóteles. El libro fue dedicado al examen de los fundamentos de la tragedia. Incluye el concepto axial de la mimesis, mismo que junto al juego, son virtudes comunes a la naturaleza viva, y a través del tiempo gozarán de ampliaciones extraordinarias: los modelos de juegos de suma cero y de tragedia de los comunes en un caso, y en el otro el papel de la imitación como dimensión crucial de las sociedades (Gabriel Tarde), y ambos tópicos fundidos en las formulaciones de René Girard en torno a la rivalidad mimética, más por supuesto el psicoanálisis de Freud con sus variantes ortodoxas y heterodoxas, ya que juego y mímesis son imprescindibles para comprender la formación de los individuos en la infancia. Y en mi caso, sus aplicaciones en la formulación de la Teoría Dramática y Tramática de las Sociedades. Por lo demás, son dimensiones capitales de toda teoría estética.
37. Pero lo esencial en esta exposición es el examen del concepto de anagnórisis y su confrontación y complemento con el concepto de Anerkennung. En lo sustancial, el concepto griego se refiere a la misma función del hegeliano. Su definición es precisa y breve, como es usual en Aristóteles: “Es el paso de una persona desconocida a conocida”. Sólo que para los propósitos de estas notas pudiera yo añadir y modularla: “Es el paso de una persona conocida a reconocida”: porque, como he insistido, una cosa es conocer y otra más compleja reconocer. Entre otras razones, porque lo que suele ser conocido dista mucho de ser reconocido. Y la otra precisión expande el asunto y es indispensable para comprender el contexto de esta modalidad del reconocer. Pues diría así: “Anagnórisis es el paso de una persona y de una situación desconocidas a otras reconocidas”.
38. Hegel dispone un teatro con dos situaciones distintas. En la primera se dice que el amo es amo porque venció en la guerra. Y que, en consecuencia, el esclavo es esclavo porque perdió en la guerra. Empero, en el tránsito de los teatros de la dominación esclavista y, luego, de la servil, a la burguesía, el amo transformado en empresario, y el esclavo o el siervo, transformados en obreros, se reconocen en tanto co-dependientes en la esfera laboral y copartícipes en el ámbito de la con-ciudadanía. Marx transformará la conciencia de sí del trabajador en falsa conciencia y la convergencia en la esfera civil como una renovada contienda antagónica, no siempre libre de la amenaza de un retorno a nuevas modalidades de guerras.
39. En el escenario de Aristóteles todo se centra en la caída del héroe trágico, digamos del equivalente del amo, precipitada su ruina por el castigo al exceso de arrogancia, la hybris. Es pues otro escenario, el de la tragedia. No cabe aquí pensar en la comedia, pues esta modalidad del teatro se reserva para la burla del pueblo a los defectos de las costumbres.
40. La caída del héroe trágico se precipita en una sucesión de peripecias. Peripecia significa cambio brusco de las situaciones, provocadas por la miopía del protagonista. La arrogancia produce una especie de ceguera para advertir el signo de los cambios. Sobrevienen purgas, es decir revulsiones personales y sociales con crecientes dosis de dolor. Se decía que el destino – concepto griego que no hay que desestimar como algo anacrónico, aunque se lo relea como el karma, o como fuerza ontológica – enloquece a los héroes trágicos antes de derrumbarlos. Tras las purgas adviene la catarsis, concepto luminoso porque es el equivalente a una epifanía por la cual actores y espectadores alcanzan el máximo alumbramiento de la conciencia. El máximo dolor dentro del máximo horror mueven a comprensión y a compasión. Esta palabra es sagrada porque se descompone en dos términos: un pathos de intensidad trágica que viene a ser compartido al ser expuesto con meridiana claridad. Es semejante a conmiseración.
41. Todos, uno y cada cual sufrimos por el cincel constante y agudo del dolor. El maestro escultor intrínseco a cada quien nos talla para librarnos de todo aquel peso que deforma nuestra estatua interior. Es la forma que el más infaltable maestro emplea para pulir el diamante y librarlo de la morralla – que es el resto de carbón residual –, de modo que en el vacío creado por los punzones de dolor pueda operar en seguida la maestra interna para dar colorido de amor y benevolencia a nuestro itinerario. En ese obraje interior intenso se devela la insuficiencia del conatus, porque se trata justamente de modificar de modo radical nuestros hábitos para dejar de ser lo que éramos y descubrir en la semilla de los talentos dados por nacimiento el beneficio de transformar sombras en luces. Y es que en tanto somos devastados y reformados por el dolor toda hybris personal se transforma en la humildad indispensable para comprenderse a sí mismo y por tal vía comprender de modo más benevolente a los otros. No cesa la lucha, tampoco la contienda, pero allí se abre el sendero de una épica que conduce a la sabiduría. Kant lo expresaba a la perfección en su Crítica de la Razón Pura cuando indicaba que “Den Gegner müssen wir in uns selbst finden”. Debemos buscar al enemigo (la propensión metafísica por los absolutos) dentro de nosotros mismos.
42. Reconocer, si es leído de derecha a izquierda significa entonces darle cobijo a nuestro centro de atención del costado pectoral izquierdo, el parasimpático cordial, ubicado en nuestro plexo cómico y benevolente, el encargado de distender. Y ello entraña dar la bienvenida a nuestro hemisferio cerebral femenino, el derecho, de modo que discurramos con analogía creativa por empatía y simpatía. Por supuesto, sin desconocer al patrón o amo interno que cada cual comanda desde el hemisferio izquierdo y se manifiesta en la mano empuñada o en la adicción digital. En la alternancia de miedo a ira.
43. La disposición de esta modalidad alterna del verbo reconocer conviene a una cosmovisión homeopática. Esta se guía por una máxima creada en el siglo XIX por Samuel Hahnemann, aunque la homeopatía sea tan antigua como la alquimia o la alopatía: similia similibus curantur, los semejante cuida y cura a los semejantes. Su nuez estriba en la medicina en suministrar venenos que curan, así como proceden desde Jenner las vacunas. Hay un fondo sapiencial encerrado en la celestial idea, pues de todos nuestros males podremos fabricar luminarias, siempre que medien gracia, libertad, conciencia y voluntad. Por esta vía un podría interpelar a cada quien al preguntar cuáles son sus sombras para medir el tamaño de sus luces potenciales. Como se puede advertir, ello modifica la interpretación del conatus.
Una nota sobre la ambigüedad de la Bildung
44. Toda fundación e institución amanece como luminaria en el firmamento, pero hijas de su tiempo, las novedades arrastran rémoras de la tradición junto a los dones de lo nuevo.
45. Así sucedió con la Bildung. Creación formidable porque ningún país alejado de la frontera de los saberes alcanza a situarse en ella, y más allá de ella, sin que medie lo que Simón Rodríguez quiso para Améfrica Ladina y Latina y que, empero, por incuria, desechamos: “O inventamos, o erramos”. Si hubiésemos seguido la propuesta de Bolívar en el Congreso de Angostura el 15 de febrero de 1819 de constituir la educación como cuarto poder público destinado a formar la con-ciudadanía solidaria mediante una ética ejemplar, no estaríamos ante la tragedia de que hoy necesitemos 1950 años para llegar al mínimo común denominador de la soberanía, significado en un 2% de inversión sobre el PIB de investigación científica, tecnológica, técnica, filosófica, humanista y pedagógica que irradie en la productividad económica y en una formación de calidad imbuida por un amor al saber.
46. Una dimensión crucial del tremendo salto dado por el pueblo alemán en su corazón prusiano fue la audacia de Kant al proclamar en El Conflicto de las Facultades el principio de la autonomía universitaria, que no es territorial, sino filosófica, cuando exclamó que “solo los sabios pueden juzgar a los sabios”.
47. Una transformación que no sea flor de un día depende de grandes arquetipos, más que de condiciones propicias. Alemania había sido devastada en el siglo XVII. Su recuperación procedió más de los grandes pensadores que de Bismark, quien la unificó en 1870, a costa de una Francia inervada por la hybris tonta de un sobrino de Napoleón, con lo cual, de paso, sembró las cizañas que rebrotarían como malezas en las dos guerras mundiales con otro remedo de Napoleón, Hitler.
48. A los hermanos Humboldt se debió la mutación extraordinaria de la universidad alemana: Guillermo incorporó la investigación en la universidad, antes refugiada en academias debido al peripatetismo dominante desde el medioevo: porque también las instituciones tienden a la redundancia y a la repetición, así que sufren su propio habitus. Y a Alexander correspondió encarnar en individuo el genio de la época en un periplo por todos los continentes que culminaría en las publicaciones del Cosmos hacia 1859: preparación, constancia, arrojo, libertad y voluntad esparcieron por doquiera, incluso entre nosotros, las semillas de una libertad asociada al saber.
49. Como bien se sabe desde Durkheim, la solidaridad, en cualquiera de sus dos modalidades, y más en la orgánica, depende de la educación moral o, si se prefiere, de la formación de la eticidad colectiva. La Bildung fue una magnífica invención cultural alemana: en su enunciado clásico significa formación, más que instrucción. Pero la cuestión de fondo sobre su evolución histórica consiste en indicar por qué, desde su génesis prusiana, fue incapaz de poner un dique contra la desmesura alopática del nazismo. La respuesta es neta: desechada la propuesta formidable de Federico Schiller de enriquecerla como una educación estética, por la cual la mediación de los atributos estéticos (juego y mimesis, amor, imaginación, humor y todas las figuras retóricas propias de la poiesis estética, tales como metáforas, metonimias, sinécdoques, retruécanos, alegorías, parábolas, anagramas, etcétera) procure que la razón sea sensible y los sentidos sean razonables y, por ende, contribuyan a un re-co-nacimiento (juego de palabras con el término francés reconnaître, reconocer como renacer en común), pero fue sustituida por una educación volcada al exterior, casi como instrucción, debida a la compulsión guerrera o capitalista de cuño corporativo, al no calar a fondo en las subjetividades, las dejó desamparadas frente a la aparición de solidaridades mecánicas: en otras palabras, la educación perdió su pie homeopático, por volcarse al exterior guerrero o corporativo en la secuela que va de Bismark a las dos guerras mundiales. En otros términos, una educación alopática llevada al extremo oscila entre el dictado de la letra con sangre o la instrucción orientada hacia lo exterior (mercado, guerras, acumulación) perdiendo su dimensión como formación interior.
50. En uno de sus tantos libros: Los hijos terribles de la edad moderna: sobre el experimento antigenealógico de la edad moderna10, el eximio filósofo Peter Solterdijk guía su excurso sobre la genealogía de la historia (mitos, dioses, patriarcado, patriciado, revoluciones, vanguardias) por una proteica simbiosis de genética, filología, filosofía, cibernética, informática y termodinámica que pudiera traducir de mejor modo la tesis marxista de contradicción radical entre el despliegue de las fuerzas productivas y las relaciones de producción, como también las tensiones casi insolubles entre materia y espíritu, y otras disyunciones semejantes, para indicar que el curso de la evolución desata energías excedentes que no caben en los moldes anteriores: un cierto caos se superpone a cualquier orden. Ello me evoca a un excelso pensador, injustamente olvidado, Henry Adams (1838-1918) y a su libro cardinal: La educación de Henry Adams.11Fue un arquetipo equivalente a los hermanos Humboldt en la revolución de la educación en Estados Unidos por la demostración in individuum del principio de aprender a aprender como aprender a desaprender al reflexionar en clave autobiográfica cómo debió luchar durante todo su periplo por situarse en la frontera de las ciencias: se amparó en la termodinámica en una anticipación al problema de la asimetría entre energía e información. El corolario de la tesis de Sloterdijk se comprendería desde su libro anterior de 2011: Du musst dein Leben ändert, Tú Debes Cambiar tu vida (disponible en digital), en el cual plantea el imperativo de la conversión, lo que los griegos denominaban metanoia. Estas vías son equivalentes a lo planteado en este ensayo que se resume en una sencilla ecuación: el conocimiento externo objetivo y el reconocimiento intersubjetivo sólo podrán conciliarse y enriquecerse mediante el conocimiento interno y el reconocimiento profundo de sí mismo. Sólo así se podrá superar, o al menos amortiguar, la entropía personal y colectiva.
Laus deo.
Notas
1 Revista Miríada, San Salvador de Bahía, Facultad de Ciencias Sociales, Instituto de Investigación en Ciencias Sociales, Brasil, año 13, número 17 (2021): 15-43.
2 “Teoría filosófica y científica del conocimiento que estudia la naturaleza, la posibilidad, el origen, la esencia, los fundamentos, las clases y los límites del conocimiento humano” (Wikipedia).
3 “La epistemología, del griego ἐπιστήμη ─ epistḗmē («conocimiento justificado como verdad»)─ y λόγος ─ lógos («estudio»)─, es la rama de la filosofía que estudia el conocimiento: su naturaleza, posibilidad, alcance y fundamentos” (Wikipedia).
4 De pertinens, pertenecer, esto es arraigado en lo local, estos rincones de Colombia.
5 De relevare, elevar y elevar, quiere decir aspirar a lo universal.
6 Visión aguzada y sintética.
7 Visión en redondo y en conjunto.
8 De syn krasis, mezcla perfecta.
9 De cum plexus, lo que está entretejido como el pecho y que, por ello entrelaza la urdimbre (columna vertebral y sistema nervioso autónomo) con la trama de tejidos y órganos.
10 2014 Edición digital de 2016 en Titivillus, EPUlibre.
11 Hay edición libro en Google en inglés, y una traducción castellana publicada en Barcelona por la Editorial Alba en 2001.

GABRIEL RESTREPO (Bogotá, 1946) es sociólogo y profesor asociado de la Universidad Nacional, ya pensionado. Autor de “Los cuatrocientos golpes: aforismos en clave de sentisapiencia” (Ateliê de Humanidades Editorial, 2023).Fue por un tiempo vicepresidente ad honorem del Instituto Alter Forum de Estudios del Sahara, Al Andalous. Fue presidente y vicepresidente en distintos periodos de la Asociación Colombiana de Sociología. Ha publicado más de 40 libros y de 140 ensayos en ciencias sociales y letras. Fue ganador de un concurso internacional de ensayo convocado en honor de los 88 anos de edad de Edgar Morin, quien presidió el jurado. Es el autor de una Teoría Dramática y Tramática de las Sociedades (que viene desarrollando desde hace muchos decenios) y de una obra de teatro. Cuenta con doce libros de poesía, tres de los cuales fueron finalistas en el concurso mundial de poesía mística convocado por la Fundación Fernando Rielo de España. Lleva diarios desde el año 1963.. Correo electrónico: garestre@gmail.com.
Catálogo do Ateliê de Humanidades Editorial


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