Fios do Tempo. Enfermarse en un mundo convivencial. Debates para el tiempo que viene – por Jaime Torres Guillén

Hoy, Fios do Tempo trae otro artículo de Jaime Torres Guillén, ahora sobre “enfermarse en un mundo convivencial”. En este texto, Torres Guillén avanza en la reflexión sobre cuál es la propuesta de la convivencialidad, relacionandola con el trabajo de Ivan Illich y sus críticas a la “némesis médica”. Basado en una crítica de la medicina industrial, el autor cambia el enfoque de la discusión médica sobre la pandemia para proponer una reflexión convivencial sobre el cambio a formas de vida más autónomas. Además, hace un esfuerzo crítico para dialogar con otras interpretaciones de la pandemia, mostrando los límites teóricos de los intelectuales de la moda y proponiendo, al contrario, una teoría crítica de la sociedad.

¡Te deseamos una excelente lectura!

A. M.
Fios do Tempo
, 27 de abril de 2020.




Enfermarse
en un mundo convivencial
Debates para el tiempo que viene

Guadalajara, México, 10 de abril de 2020

Introducción

Las pandemias no son algo extraordinario en la vida humana, sólo una mentalidad desfasada de nuestra condición animal puede horrorizarse de estos fenómenos. La especie humana se integra a lo viviente sin extraerse de ese lugar[1] por lo que las enfermedades son inherentes a su ser.  Las diferentes poblaciones del planeta han enfrentado pandemias.[2] Basta mencionar la peste negra del siglo XIV, la sífilis del siglo XVI, la gripe española de la primera mitad del siglo XX, el SIDA,[3] el Ébola o el actual SARS 2 (Severe Acute Respiratory Syndrom 2) mejor conocido por Coronavirus.

En la actual vorágine de información de la prensa mundial, local y las redes sociales sobre la pandemia del coronavirus, se utiliza el término enfermedad de manera cosificado. Se entiende en un sentido estrictamente ontológico (ente independiente) y sin relación a la existencia del sujeto afectado. Por eso, en medio del miedo y la zozobra, se habla de manera retórica, de que “los científicos de todo el mundo” ya trabajan en una cura o vacuna. Gobiernos y burócratas universitarios alientan retóricas “científicas” de lucha contra la pandemia mientras aprovechan la situación para maquillar cifras o ganar posiciones políticas y de popularidad.

Para contrarrestar estas tendencias acríticas que se consumen a diario, es necesario organizar el debate fuera de ellas. El artículo tiene como propósito generar un debate diferente al de las tendencias actuales de abordar las dudas, preguntas, cuestionamientos, conocimientos o saberes sobre el Coronavirus. Es un ejercicio reflexivo para que, desde la sociología y otras disciplinas afines, se mantengan activos los programas de investigación de una teoría crítica de la sociedad, en vínculo directo con las prácticas comunes de la gente.

El texto comienza con una premisa que se desprende de comprender que las enfermedades están siempre en relación con las acciones y formas de estar en el mundo del sujeto que las padece. Entender por ejemplo que los movimientos humanos facilitan la propagación de enfermedades, así como el crecimiento de la población mundial, la falta de higiene en ciudades y hospitales[4], el consumo a gran escala de carne[5] y la investigación con animales no humanos[6], la imposibilidad de los sistemas industriales de salud pública para curar a miles de enfermos, el debilitamiento de nuestro sistema inmunológico debido a la contaminación del aire que respiramos y el aumento de la esperanza de vida. A propósito de este último hecho, habrá que decir que es el que “ha creado las condiciones para el desarrollo de enfermedades crónicas: enfermedades cardiovasculares, cánceres y enfermedades degenerativas”.[7] La vejez permite la aparición con más facilidad de infecciones o neumonía porque produce depresiones del sistema inmunológico.

Es verdad que hoy sabemos que el mundo biológico tiene una capacidad de adaptación, y que la creación de instrumentos para combatir las enfermedades, se tornan obsoletos pronto.[8] Pero dicha adaptación está relacionada precisamente con la acción humana. Por decir algo, la resistencia viral a los antibióticos es extraordinaria, sobre todo a partir del uso de estos en la ganadería intensiva. Esta resistencia es dialéctica, el mundo biológico se opone a la acción humana, es decir, también se defiende.[9]

La premisa podría quedar como sigue: cualquier enfermedad está relacionada con la interacción entre agentes bio-patógenos, procesos sociales y agencia humana. No son entes o cosas aisladas de las decisiones humanas. A partir de esta premisa el texto despliega dos elementos para la discusión. El primero remite a un debate moral sobre la autonomía de nuestras acciones y orientaciones en tiempos de pánico-control generalizado. Propongo una discusión que alerte sobre la pérdida de autonomía en la orientación-acción, producto de un monopolio radical por parte de los Estados o expertos de lo que debemos hacer y no hacer en tiempos de Coronavirus.

Para ello cuestiono la mentalidad industrial de la burocracia médica y científica y propongo rehabilitar la hipótesis de Iván Illich para la construcción de una sociedad convivencial. La hipótesis de Illich afirma que “existen características técnicas en los medios de producción que hacen imposible su control en un proceso político. Sólo una sociedad que acepte la necesidad de escoger un techo común de ciertas dimensiones técnicas en sus medios de producción tiene alternativas políticas”.[10] Lo convivencial de una sociedad es la capacidad de sus miembros para determinar de manera normativa, los umbrales nocivos de cualquier herramienta (bicicleta, destornillador, motor, automóvil, televisión, minas, escuela, hospital, leyes, fábricas, internet). De hecho, la convivencialidad, sería propiamente una herramienta. Entonces, si convivencial es la sociedad en la que las personas controlan sus herramientas, cualquiera de estas, creada en esta perspectiva tendría que tener un criterio para determinar los umbrales nocivos de la misma. En esto se enfoca el primer elemento de la discusión.

El segundo elemento para discutir aborda parte del contenido de una serie de ensayos escritos por intelectuales contemporáneos, quienes a propósito del Coronavirus plantean en general dos cosas: que el sistema neoliberal es el responsable de la crisis sanitaria y económica que se avecina; y que anuncia el fin del capitalismo o su reforzamiento. Ahí sostengo que, si la mentalidad médico industrial inhibe toda capacidad creativa y normativa de las personas para el autocuidado y el de los demás, el consumo de estas ideas genera desorientación teórica la cual es nociva para la gestación de un pensamiento crítico.

El texto termina con una serie de reflexiones sobre lo que implica un debate, a propósito del significado que tendría el imaginar otras formas de gestionar e inteligir la vida humana en contextos de pandemias. Aunque el hilo conductor del artículo lo lleva el concepto y la hipótesis de la convivivencialidad de Iván Illich, el ejercicio reflexivo pretende potenciarlo en el actual contexto de emergencia en que nos encontramos, con el objetivo arriba señalado.

Cuestionar el mito-motor de la medicina industrial

“La obsesión por la inmunidad da lugar a una higiene de pesadilla. Ya que el sistema de salud falla en satisfacer lo que de él se requiere, las condiciones que ahora se clasifican como enfermedad bien podrían pronto clasificarse como desviaciones criminales.”[11]

Esta referencia a Iván Illich es apropiada en el actual contexto de Coronavirus. Por doquier está inundado de reproches a quienes transgreden el “quédate en casa” los cuales no sólo olvidan que hay personas que no tienen casa, sino que hay quienes no podrían quedarse en casa por múltiples razones. Parafraseando a Illich, esta reeducación obligatoria que nos recuerda los mecanismos de autoacusación soviética, no es otra cosa que los efectos de la mentalidad industrial de los profesionales de la medicina. Llamo medicina industrial[12] a las prácticas instrumentales que tienen el objetivo de tratar enfermedades y concebir la cura en términos utilitaristas. Esta mentalidad, en la práctica, inhibe toda capacidad creativa y normativa de las personas para el autocuidado y el de los demás. Su punto de partida es el interés privado, es ente caso, “el que no me pase a mí” y si me pasa, es por culpa de la irresponsabilidad de los que no acatan las recomendaciones de las autoridades o los expertos.

Pero como bien dice Iván Illich, la salud “designa la capacidad de adaptarse a ambientes cambiantes, de crecer, de madurar y envejecer; de curarse cuando está uno lesionado, sufrir y esperar pacíficamente la muerte”.[13] El tema de la salud corresponde a una sabiduría diversa que se gesta en la cultura determinada de un grupo de personas y hace referencia al cuidado, la sanidad y la muerte.

Contrario a esto, la mentalidad industrial de la medicina profesional niega el dolor, la enfermedad y la muerte al considerarlos males a erradicar. Despoja el contenido moral que contiene la idea de salud, curar o cuidarse en un sentido sanitario. Reproduce toda una civilización médica para “luchar contra estos males”. Se invierte en productos costosos y la más alta tecnología para proveer al cliente que trae en su mano una póliza que le garantiza tratamiento, no necesariamente salud. Aunque en lo personal existen médicos que resisten a esta mentalidad, no dejan de crecer hospitales que atienden a pacientes con excelentes pólizas de seguros médicos.

El sistema industrial de salud también es público. Clínicas, hospitales o centros médicos pertenecientes a los gobiernos, están hechos para tratar enfermedades no para cuidar la salud. A partir de esta premisa es fácil entender porque no existe sistema hospitalario público o privado que pueda dotar a miles de personas enfermas, de camas, respiradores artificiales, medicamentos o cualquier equipo médico “de última generación” para tratar el virus corona. Esta emergente demanda de cada individuo por una administración institucional de su tratamiento, colapsa cualquier sistema industrial médico.

El debate que deseo generar aquí, parte de las tesis Iván Ilich. Una de ellas afirmaría lo siguiente: para crear y mantener la autonomía en la orientación de nuestras acciones en tiempos de pánico-control generalizado, hay que desprofesionalizar y desmedicalizar el cuidado de la salud; esto permitiría que los auxilios terapéuticos y las habilidades para la observancia y la asistencia a la salud sean convivenciales.

Sostengo la idea de que enfrentar la actual pandemia del Coronavirus es un asunto más de convivencialidad, que de progreso médico moderno, es decir, es una cuestión normativa y política que responde a la pregunta ¿Cómo cuidarnos en tiempo de pandemia global y en medio de la desesperación de los expertos por mantener el control social? A continuación expongo algunos de mis argumentos.

La idea común de que el progreso de la medicina es la base para la salud, es en buena medida una ilusión.[14] Existen y son útiles algunos antibióticos y las vacunas; las intervenciones quirúrgicas y los tratamientos médicos prolongan algunas veces la edad de las personas, sin embargo, en términos generales, las enfermedades colectivas se han enfrentado de manera exitosa, fuera del campo médico. Se han enfrentado con herramientas morales y políticas de la gente común y algunas veces con iniciativas de las administraciones gubernamentales.

Por ejemplo, lo que permitió disminuir la transmisión de la peste negra o la viruela fue el cambio del ambiente urbano: los materiales para la construcción como la piedra o el ladrillo sustituyó la madera, la paja, aserrín u otro material donde podían resguardarse las pulgas que portaban el bacilo; o en el caso de la construcción de mayores obras de drenaje para distanciar las ratas de las personas y en algunos casos, la tendencia a tener gatos como mascotas. El más básico sentido común sabe que a mayor saneamiento del agua para el consumo humano, así como un mejor servicio en la distribución pública de esta y una nutrición balanceada, las infecciones diarreicas o el cólera disminuyen.

Si nos dispusiéramos hacer un balance de la reducción de la morbilidad y mortandad, es probable que nos encontremos que los matamoscas, la limpieza y cloración de los contenedores de agua o el condón, tienen más logros que los resultados de la intervención médico industrial. Los procedimientos antisépticos que recomendó I. Semmelweis contra la fiebre puerperal o el uso de jabón y tijeras por parte de las parteras no pertenecen a la medicina, son ejemplos de convivencialidad. En una palabra, las mejoras ambientales y las medidas sanitarias de la comunidad son significativas para las expectativas de vida de las personas, porque son herramientas convivenciales del cuidado a la salud.

Toda la hagiografía que se mueve alrededor de la historia de la medicina, sobre todo aquella que nos habla de “las luchas contra los gérmenes” no son cuestiones exclusivamente médicas. En la Francia de 1870 el triunfo de la medicina antiséptica, se debe más a un movimiento político de la época: el movimiento higienista. Dicho movimiento “pretendía elevar la calidad de vida, y la calidad moral de los ciudadanos, mediante la limpieza, el orden, el urbanismo, la protección del consumidor, la defensa del ambiente, cuyos resultados prácticos incluían desde el depósito de agua para limpiar retretes hasta la mejora del alcantarillado o la pausterización de la leche”.[15] Frente al conocimiento del ciudadano común sobre una docena de enfermedades, en Europa de 1770, la medicina general sabía sólo un poco de pestes y erupciones pustulosas.[16]

Bien se podría decir que las enfermedades se controlan por sistemas normativos sanitarios, no por “el avance científico de la medicina”. Esa conclusión podría formar parte de los elementos para la construcción de la convivencialidad. El mismo Luc Montagnier lo ha expresado para el caso de la epidemia del SIDA. Esta epidemia está controlada en parte porque no se puede decir que las personas en tratamiento médico están curadas. La “lucha contra el SIDA” como les gusta hablar a los gobiernos y burócratas de los centros universitarios, no se gana en la medicina, sino en el campo moral: por ejemplo lograr quitar el monopolio moral a la Iglesia católica y otras iglesias para que el uso de condones y una sexualidad informada sean la mejor herramienta sanitaria convivencial.

Por lo que toca al Coronavirus, vale la pena señalar un dato al respecto: el “quédate en casa” fue más una insistencia de personas que en China, Italia o España padecieron los controles o descontroles de los sistemas estatales y de los expertos. Sus mensajes de alerta y cuidado sanitario fueron transmitidos por las redes sociales, mucho antes que el gobierno mexicano y las “predicciones científicas” de los académicos lo presumieran como una política de Estado basada en “evidencias científicas”. Una vez más, el guardar distancia entre personas o lavarse las manos constantemente para evitar contagios, es parte de la herencia higiénica de la gente común, no un logro de la “ciencia médica”. Lo que le falta a este mensaje de “quédate en casa” y a las diversas acciones normativas de la gente común, es articularlas en un contenido convivencial.

Toda esta argumentación no debería entenderse contraria la atención médica especializada, las innovaciones terapéuticas, los fondos públicos para propósitos curativos o la tecnología, sino contra la ortodoxia médica que niega otras formas del cuidado o concebir la medicina como una mercancía expuesta al consumidor.[17] Aun así, conviene recalcar que la asistencia a la salud construida desde la convivencialidad atendería cuestiones significativas para la vida humana: la nutrición, el juego y el ocio, la higiene ambiental, el control natal, la cultura del cuidado o primeros auxilios. Todas ellas contienen aspectos normativos a discutir, crear y recrear continuamente no sin tensión. Ahí el médico sería parte de esta herramienta y no un agente que monopoliza el concepto de salud y cuidado bajo el supuesto de “por prescripción médica”.

Una sociedad convivencial también integraría la capacidad personal y virtuosa de las personas para enfrentarse al dolor, el sufrimiento y la muerte. Así, sufrir y morir no serían males que la medicalización negara, ni el sanar una mercancía a adquirir. La medicina industrial poco sabe del arte de sanar, sufrir y morir que las diferentes culturas han desarrollado como capacidad humana. Cuando la gente sana es autónoma, “necesita intervenciones burocráticas mínimas para amarse, dar a luz, compartir la condición humana y morir”.[18] Existen experiencias sobre lo que he argumentado, pero por ahora dejo para otra ocasión exponerlas.[19] Basta los elementos presentados para iniciar un debate sobre imaginar enfermarse en una sociedad convivencial y no en un sistema industrial como el que estamos padeciendo.

De la desorientación práctica a la desorientación teórica

En las últimas semanas, a la andada de información falsa, plausible, verificable, cierta, tendenciosa, se le sumó la escritura que sobre el Coronavirus realizaron los y las intelectuales de moda que surten con sus ideas a buena parte de las ciencias sociales. Gracias a la editorial emergente Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO) tuvimos acceso a una serie de textos de estos intelectuales como son Giorgio Agamben, Slavoj Zizek, Jean Luc Nancy, Judith Butler, Alain Badiou, David Harvey, Byung-Chul Han, Raúl Zibechi.[20]

En el contenido de estos intelectuales en boga, existen dos planteamientos que en el fondo son muy parecidos. Algunos culpan al sistema neoliberal por la crisis sanitaria y económica que se avecina; otros señalan el inminente fin del capitalismo o su reforzamiento. Quienes se centran en esto último, vaticinan la expansión de nuevas formas de control, esta vez provenientes no de Europa o Estados Unidos, sino de Asia. Según ellos, la enfermedad epidémica del Coronavirus traería consigo una nueva colonización.

En este grupo se encuentran G. Agamben para quien bajo la actual epidemia, “hay una tendencia creciente a utilizar el estado de excepción como paradigma normal de gobierno”[21] o Franco “Bifo” Berardi quien supone la imposibilidad de salir de la axiomática del capital, por lo que, en la actual situación, “no estamos preparados culturalmente para pensar el estancamiento como condición de largo plazo, no estamos preparados para pensar la frugalidad, el compartir. No estamos preparados para disociar el placer del consumo”.[22]

En esta misma tónica, Byung-Chul Han sostiene que la mentalidad autoritaria de los Estados asiáticos y su infraestructura tecnológica de vigilancia y control será modelo para Occidente por lo que “tras la pandemia, el capitalismo continuará aún con más pujanza”.[23] Así piensa también Raúl Zibechi para quien “el dragón ya es referente y ejemplo en cuanto al control social de la población”.[24]

Sin embargo, Zibechi se puede agrupar en quienes ven el inminente fin del capitalismo a partir de lo que llaman la profunda crisis del sistema que generará la pandemia. Según este intelectual, “entramos en un período de caos del sistema-mundo, que es la condición previa para la formación de un nuevo orden global”.[25] Slavoj Žižek cree que se propagará un virus beneficioso anticapitalista y procomunista: “el virus de pensar en una sociedad alternativa, una sociedad más allá del estado-nación, una sociedad que se actualiza a sí misma en las formas de solidaridad y cooperación global”.[26] La diferencia entre Žižek y Zibechi es que, por lo menos este último nombra algunos casos para reforzar sus ideas. Dice por ejemplo que “los pueblos originarios y negros de América Latina, con destaque del zapatismo, los nasa-misak de Colombia y los mapuche, están en mejores condiciones”[27] de enfrentar lo que llama el nuevo modelo de control asiático. Pero es una diferencia formal, el fondo es el mismo.

David Harvey es de los que se centran en las repercusiones económicas y demográficas de la difusión del virus, en función de la crisis de modelo económico neoliberal.[28] Jean-Luc Nancy, cuestiona a los gobiernos neoliberales por no ser más que “tristes ejecutores” de una dudosa civilización[29] y Judith Butler por la incapacidad de estos para prepararse con anticipación a la pandemia.[30]

Pues bien, si la mentalidad médico industrial inhibe toda capacidad creativa y normativa de las personas para el autocuidado y el de los demás, el consumo de estas ideas genera desorientación teórica. Su resultado son lugares conocidos: quedarse en la crítica al imperialismo estadounidense y al neoliberalismo, el reproche moralista a la especulación financiera y a la globalización, las apologías a los gobiernos progresistas, propugnar el retorno del Estado providencial, la crítica académica al eurocentrismo y las propuestas de una “ética mundial” o un “impuesto global al capital”.

Paradójicamente, la CEPAL y el FMI actualmente llegan a estos mismos lugares. En sus últimos comunicados hablan de la necesidad de solidaridad y compasión, de pensar en los demás, de comités éticos, de unirnos, de que no todo es dinero, de volver juntos a la normalidad porque sólo así “saldremos de esta crisis”. Pero como lo dijera bien Iván Illich “los dirigentes de los partidos y de las industrias son como los oficiales de un barco, apostados en el timón de mando de las instituciones dominantes: empresas multinacionales, Estados, partidos políticos y movimientos organizados, monopolios profesionales, etc., pueden cambiar de ruta, de cargamento y de dotación, pero no de oficio”.[31]

Por ello es comprensible la idea reciente de los intelectuales de izquierda de que los sistemas de salud en el neoliberalismo van a colapsar por la actual pandemia del Coronavirus, debido a una deficiente administración pública de los mismos. En realidad, ni los “gobiernos progresistas” evitarán tal colapso. El sistema industrial de salud actual está hecho para tratar enfermedades no para cuidar la salud, esto es, no fue creado mediante alguna herramienta convivencial. Por tanto, no existe sistema hospitalario público o privado que pueda dotar a miles de personas enfermas, de camas, respiradores artificiales, medicamentos o cualquier equipo médico “de última generación” para tratar el virus corona.

Para contrarrestar estas tendencias intelectuales en el marco de una reflexión sobre la convivencialidad, es necesario mantener activos los programas de investigación propios de una teoría crítica de la sociedad. Estos alimentan la base de la crítica social. Como la convivencialidad no es un programa de gobierno, ni una política pública, sino un conjunto de prácticas normativas que se tejen desde la gente común, es deseable que se nutran de una crítica social.

Sobre este punto, conviene precisar que no todo lo escrito en Sopa de Wuhan es contrario a una teoría crítica. Destaco el texto de María Galindo, boliviana, militante del feminismo radical, psicóloga y comunicadora, cofundadora del colectivo Mujeres Creando en 1992, quien plantea un problema en términos convivenciales al preguntar “¿Qué pasa si decidimos preparar nuestros cuerpos para el contagio? ¿Qué pasa si asumimos que nos contagiaremos ciertamente y vamos a partir de esa certidumbre procesando nuestros miedos? ¿Qué pasa si ante la absurda, autoritaria e idiota respuesta estatal al coronavirus nos planteamos la autogestión social de la enfermedad, de la debilidad, del dolor, del pensamiento y de la esperanza?”[32]

Sus interrogantes plantean cuestiones convivenciales porque parte del principio de que la gestión de la enfermedad será mayormente domiciliaria y no hospitalaria. Es decir, sus preguntas remiten a la asistencia a la salud autónoma construida desde la convivencialidad (nutrición, juego, ocio, higiene ambiental, control natal, cultura del cuidado o primeros auxilios) y no a la desorientación de los expertos.[33]

Esto es fundamental para una orientación teórica en tiempos de pandemia, porque no sólo desplaza las ideas dominantes de los intelectuales de izquierda y sus conceptos reificados de estado de excepción, biopolítica, necropolítica, neoliberalismo y un largo etcétera, sino también de la retórica de los expertos gubernamentales, académicos y burócratas universitarios quienes alientan una “guerra contra el virus” a través de sus modelos de predicción matemática, la creación de vacunas, el tratamiento hospitalario y el disciplinamiento social.

A esta última idea dominante su suman las grandes cadenas de información y las redes sociales. Ahí se crea una apología a las “batas blancas” porque son los que están al frente de la pandemia. Esto en parte es cierto, pero sólo en parte. En primera línea están también las enfermeras, las afanadoras de aeropuertos y terminales, los guardias de centros de abastecimiento de alimentos y hospitales, las personas de la recolecta de basura y quienes resguardan las instituciones públicas o privadas, además de las trabajadoras y trabajadores que han decidido enfrentar esta crisis sanitaria saliendo a buscar empleo o alguna remuneración que les permita sobrevivir durante la emergencia. Una reflexión convivencial tomaría en serio la pregunta ¿Es verdad que todos estamos juntos en esto?

Desarticular estas tres ideas dominantes es una tarea crítica porque permitiría salir del pánico generalizado, pensar con claridad, provocar pensamiento crítico y mantener activos los programas de una teoría crítica de la sociedad, para articularlos con la gestión convivencial que se vaya a imaginar y crear. Mantener el debate constante en esta perspectiva, provee una orientación teórica en tiempos de incertidumbre y atiende los objetivos planteados en este artículo.

Palabras finales

La sociedad convivencial no existe y tampoco es un modelo ejemplar. Es un tipo de práctica social posible que iría construyendo su contenido. Este no es unidimensional, dependerá del tipo de prácticas. Para comenzar su construcción se necesita trabajar en ello. Por ejemplo en derribar la estandarización, industrialización y programación de nuestros sueños; desarticular los horarios y la caza del tiempo muerto impuestos por la nueva organización del trabajo; alimentar la alegría que da la sobriedad y las sorpresas que regala la creatividad autónoma.

Como dice Iván Illich, “los criterios de la convivencialidad no son reglas a aplicarse mecánicamente, sino indicadores de la acción política concerniente a todo lo que se debe evitar. Son criterios de detección de una amenaza que permiten a cada uno hacer valer su propia libertad”.[34] Para construirla habría que romper la desorientación práctica y teórica antes señalada y salir del pánico generalizado. Un efecto de ello sería el reconocer la condición emocional en que nos encontramos y el nivel de sufrimiento que padecemos porque “la necesidad de prestar voz al sufrimiento es condición de toda verdad”.[35] Sólo el sujeto sabe lo que experimenta cuando sufre, de ahí la necesidad de que hable y se exprese.

Reflexionar cómo sería enfermarse en una sociedad convivencial, ayuda a pensar formas de gestionar la vida en la actual pandemia. A tono a lo que dice María Galindo, el sufrimiento social que parece estar extendiéndose, debe permitirnos conocer las distintas experiencias subjetivas que nos acerca más al conocimiento de una práctica convivencial. Todo esto pasa por la necesidad de discutir en términos crítico-normativos las instituciones que organizan las relaciones sociales en el sentido de si estas son las apropiadas para la salud, la justicia, la equidad o la amistad.

En suma, reflexionar sobre el significado de enfermarse en sociedades que practicasen la convivialidad, tiene sus ventajas. Se comienza a desconfiar de los especialistas quienes obstruyen la autonomía de las personas y su creatividad. A subvertir los efectos de la escolarización porque se potencia el reconocimiento y la capacidad de cada quien para moldear su porvenir y evitar la imposición de saberes. Adquiere sentido el conversar y practicar los valores de la equidad, la autonomía creadora, la viabilidad y la justicia. Se abren las expectativas para desplazar el estado mental del cliente-consumidor del ganar tiempo, reducir el espacio, aumentar la energía, multiplicar los bienes, prolongar la vida humana. También, se podría gestar las bases para ponerle fin al consumo obligatorio y a la falta de espontaneidad del don. Y por último, pero no menos importante, quizás tomaríamos en serio el hecho de que, en las últimas semanas, decenas o quizás miles de animales no humanos han recuperado sus territorios. Al quedar momentáneamente desarticuladas las supercarreteras, algunas fábricas, el ruido, las altas velocidades y la contaminación ambiental, las otras especies han tenido un respiro, un “alto al fuego” parcial de su enemigo mortal. Una sociedad convivencial, sin duda, se preguntaría dos veces cuál debería ser su relación con los animales no humanos y el mundo que habita.

Notas

[1] Jean-Marie Schaeffer. El fin de la excepción humana. (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2007), 110.

[2] M. Lindemann. Medicina y sociedad en la Europa moderna: 1500-1800 (Madrid: Siglo XXI, 2000); N. Copp. Vaccines: An Introduction to Risk (Research Foundation of the State University of New York: Stony Brook, 1989); Robert S. Gottfried. The Black Death: Natural and Human Disaster in Medieval Europe. (New York and London: The Free Press, 1983).

[3] Luc Montagnier. Virus: The Co-discoverer of HIV Tracks its Rampege and Charts the Future (Nueva York: Norton, 2000).

[4] La poca higiene médica contribuye a la mayoría de las enfermedades infecciosas como fue el caso del ébola en Zaire en 1995, véase David Heymann “¿Qué enfermedades padeceremos en el siglo XXI?” En Ilya Prigogine et. al. Claves para el siglo XXI (Barcelona: Ediciones Unesco/Editorial Crítica, 2000), 102. Es impresionante la literatura que ofrece Iván Illich sobre la falta de higiene en los hospitales y los altos índices de muerte por enfermedades contraídas en estas instituciones, véase Iván Illich. Némesis médica. Obras reunidas I (México: Fondo de Cultura Económica, 2006), 616 y ss.

[5] Un ejemplo son los cerdos que son portadores de salmonella.

[6] “En 1979, los británicos hicieron un cambio en el proceso de preparación del pienso animal al incluir harina de huesos, con el resultado de que la enfermedad de las vacas locas se trasmitió a los humanos”. David Heymann, op. cit., 102.

[7] Luc Montagnier, “¿Qué enfermedades padeceremos en el siglo XXI?” En Ilya Prigogine et. al. Claves para el siglo XXI (Barcelona: Ediciones Unesco/Editorial Crítica, 2000), 96. Pero también hay que decir que las actuales epidemias modernas como las cardiopatías coronarias, obesidad, hipertensión, cáncer, artritis, diabetes y los desórdenes mentales, aparecieron en el sistema de organización industrial vigente y hasta la fecha no existe una explicación completa de su origen. Cfr. Ilich Iván, Némesis médica., op. cit., 544-545.

[8] “Introducida en 1942, la penicilina era ya ineficaz contra el 15 por ciento de las cepas de estafilococos hacia el año 1946. En la actualidad, el 80 por ciento de las cepas de estafilococos de la comunidad general son resistentes a la penicilina […] la tetraciclina y la penicilina, que hace quince años eran eficaces, no tienen ya impacto alguno sobre la gonorrea en África […] la tuberculosis, que no presentaba resistencia a los antibióticos hace veinte años, es hoy en día impermeable a los mismos”. David Heymann, op. cit., 102.

[9] El uso de pesticidas hizo resistente al mosquito trasmisor del paludismo. Cfr. Iván Illich, Némesis médica., op. cit., 550.

[10] Iván Illich. La convivencialidad. Obras reunidas I (México: Fondo de Cultura Económica, 2006), 369.

[11] Iván Ilich. Alternativas. Obras reunidas I (México: Fondo de Cultura Económica, 2006), 167.

[12] El término industrial hace referencia a su sentido amoral o falto de ética o contenido normativo y referido a la idea de cliente-consumidor. De ninguna manera debe entenderse como una posición de mi parte, antitécnica o contra la innovación tecnológica.

[13] Iván Illich. Némesis médica., op. cit., 758.

[14] Thomas Mckeown y Gordon McLachlan (Comps.). Medical History and Medical Care: A Symposium of Perspective (Nueva York: Oxford University Press, 1971); John Powles. “On the Limitations of Modern Medicine”, en Science, medicine and Man, Londres: Pergamon vol. 1, 1973. pp. 1-30; René Dubos. El espejismo de la salud: utopías, progreso y cambio social. (México: Fondo de Cultura Económica, 1975).

[15] José Antonio López Cerezo. El triunfo de la antisepsia. Un ensayo en filosofía naturalista de la ciencia (México: Fondo de Cultura Económica, 2008), 119. Véase también: Bruno Latour. Pasteur: guerre et paix de microbes (Paris: La Découverte & Syros, 2001).

[16] Iván Illich. Némesis médica., op. cit., 663.

[17] Iván Ilich. Alternativas., op. cit., 174-175.

[18] Iván Illich. Némesis médica., op. cit., 759.

[19] Cfr. David Werner. Donde no hay doctor. Una guía para los campesinos que viven lejos de los centros médicos. México: Pax, 1976; Howard Waitzkin & Hilary Modell “Medicine, Socialism, and Totalitarism: lesson from Chile” New England Journal of Medecine 291, 1974, pp. 171-177.

[20] Giorgio Agamben, Slavoj Zizek, Jean Luc Nancy, Franco “Bifo” Berardi, Santiago López Petit, Judith Butler, Alain Badiou, David Harvey, Byung-Chul Han, Raúl Zibechi, María Galindo, Markus Gabriel, Gustavo Yañez González, Patricia Manrique y Paul B. Preciado. Sopa de Wuhan. (S/L: Editorial ASPO (Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio, 2020).

[21] G. Agamben. “La invención de una epidemia”, en Sopa de Wuhan, op. cit., 18.

[22] Franco “Bifo” Berardi. “Crónica de la psicodeflación”, en Sopa de Wuhan, op. cit., 41.

[23] Byung-Chul Han. “La emergencia viral y el mundo de mañana”, en Sopa de Wuhan, op. cit., 97, 101, 110.

[24] Raúl Zibechi. “A las puertas de un nuevo orden mundial”, en Sopa de Wuhan, op. cit., 113, 116.

[25] Ibid., 113.

[26] Slavoj Žižek. “Coronavirus es un golpe al capitalismo al estilo de ‘Kill Bill’ y podría conducir a la reinvención del comunismo”, en Sopa de Wuhan, op. cit., 22.

[27] Raúl Zibechi. “A las puertas de un nuevo orden mundial”, en Sopa de Wuhan, op. cit., 118.

[28] David Harvey, “Política anticapitalista en tiempos de COVID-19”, en Sopa de Wuhan, op. cit., 84.

[29] Jean-Luc Nancy. “Excepción viral”, en Sopa de Wuhan, op. cit., 30

[30] Judith Butler. “El capitalismo tiene sus límites”, en Sopa de Wuhan, op. cit., 60.

[31] Iván Illich. La convivencialidad., op. cit., 390.

[32] María Galindo. “Desobediencia, por tu culpa voy a sobrevivir”, en Sopa de Wuhan, op. cit., 125.

[33] Ibid., 126.

[34] Iván Illich. La convivencialidad., op. cit., 339.

[35] Th. W. Adorno. Dialéctica negativa. Obra completa, 6 (Madrid: Akal, 2008), 28.


 Jaime Torres Guillén es doctor en antropología social.  Es profesor de tiempo completo de la Universidad de Guadalajara, Director de la revista Piezas en Diálogo Filosofía y Ciencias Humanas y miembro del SNI Nivel I. 


GUILLÉN, Jaime Torres. Enfermarse en un mundo convivencial. Debates para el tiempo que viene. Fios do Tempo (Ateliê de Humanidades), 25 de abril de 2020. Disponível em: https://ateliedehumanidades.com/2020/04/27/fios-do-tempo-enfermarse-en-un-mundo-convivencial-debates-para-el-tiempo-que-viene-por-jaime-torres-guillen/


eBook. Sociologia das tecnociências contemporâneas

Sociologia das tecnociências contemporâneas:ensaios de teoria social portuguesa organizado por Marcos Lacerda & André Magnelli Apresentação O presente livro é um apanhado significativo do que de melhor tem sido feito em Portugal a respeito da sociologia do tempo presente, através da visada de um dos mais estimulantes sociólogos portugueses: o investigador e professor do Instituto… Continuar Lendo →

Fios do Tempo. Já é possível visualizar as consequências da covid-19 – por Elimar P. do Nascimento

O Fios do tempo continua hoje com a análise prospectiva sobre o porvir. Após o belo texto de Abram de Swaan publicado ontem, trazemos agora mais um ótima análise do presente feita pelo sociólogo Elimar Pinheiro do Nascimento. Neste artigo, são analisadas, em boa e acessível prosa, as possíveis consequências da covid-19 em várias vias:… Continuar Lendo →

Fios do Tempo. O platô, por Felipe Maia

Hoje, no Fios do Tempo, retornamos à análise de conjuntura política com mais um excelente artigo de Felipe Maia (UFJF). Explorando a metáfora do platô para além do seu significado epidemiológico, Maia nos convida a refletir sobre algumas indagações: o que nos levou a um pĺatô político? Por que nos mantemos persistentemente nele? Quanto isso… Continuar Lendo →

Revista Piezas. Dossiê Alain Caillé (com entrevista do autor e textos de A. Magnelli, P. H. Martins e Torres Guillén)

A Revista Piezas: en diálogo filosofía y ciencias humanas, uma publicação mexicana com direção editorial do sociólogo Jaime Torres Guillén, acabou de publicar um número com Dossiê sobre Alain Caillé, que contém uma entrevista inédita de Alain Caillé, uma introdução ao autor e à sua obra por André Magnelli, um ensaio de Paulo Henrique Martins… Continuar Lendo →

Podcast. Vila Morena (2): Uma obra de fortuna e um fado de loucura

Há mais culturas entre franceses e alemães do que pode crer nossa tradição intelectual. Neste espírito de difusão de novos autores, pensamentos e culturais intelectuais, começamos nossa introdução ao debate de ideias em Portugal, com nossas atividades em podcasts/vídeos do Vila Morena: o debate de ideias em Portugal, no República de Ideias. Ela consistirá em exposições… Continuar Lendo →

Ciclo de Humanidades. Quando a raça importa?!

Apresentação No próximo dia 30 de julho, o Ciclo de Humanidades: ideias e debates em filosofia e ciências sociais realizará, em parceria com a editora UBU, o quarto encontro com o tema Quando a raça importa?!. Neste dia, refletiremos sobre o racismo em nossas sociedades, tratando de suas origens históricas e de seus distintos modos… Continuar Lendo →

Fios do tempo. Raça, poder e nação: encruzilhadas coloniais no século XXI

Publicamos agora no Fios do tempo, após nossa live sobre “As mil faces do racismo” e como preparativo do Ciclo de Humanidades “Quando a raça importa?!“, o artigo de Paulo Henrique Martins sobre as encruzilhadas neocolonais hoje existentes entre raça, poder e nação. Tal como o belo artigo de Adrián Scribano, “Não consigo respirar: o… Continuar Lendo →

Podcast – Vila Morena (I): Pitadas de Martins, temperadas com o amanhecer de Lisboa

Há mais culturas entre franceses e alemães do que pode crer nossa tradição intelectual. Neste espírito de difusão de novos autores, pensamentos e culturais intelectuais, começamos nossa introdução ao debate de ideias em Portugal, com nossas atividades em podcasts/vídeos do Vila Morena: o debate de ideias em Portugal, no República de Ideias. Ela consistirá em… Continuar Lendo →

Fios do Tempo. Não consigo respirar: o corpo como um espaço de colonização racializadora – Adrián Scribano

Publicamos agora, como preparativo para a live desta quinta-feita (16 de julho) com o tema As mil faces do racismo, o artigo “Não consigo respirar: o corpo como um espaço de colonização racializadora”, do sociólogo argentino Adrián Scribano. Ele é uma tradução de texto publicado publicado nos Documento de Trabalho do CIES (Centro de Pesquisas… Continuar Lendo →

Fios do tempo. A política quântica – por Elimar Pinheiro do Nascimento

Após o artigo de José Luís Garcia sobre jornalismo, comunicação e democracia, publicamos agora o texto de Elimar Pinheiro do Nascimento sobre as estratégias de “comunicação” dos novos populismos, reflexão que é feita inspirada no livro do italiano Giuliano Da Empoli “Engenheiros do Caos”. É uma excelente e sintética análise em 9 pontos sobre as… Continuar Lendo →

Fios do tempo. Que comunicação e que jornalismo para o mundo pós-coronavírus?

Começamos quentes em nossas atividades do Fios do tempo. Nesta semana tocamos dois debates simultâneos: o problema da relação entre comunicação e democracia, e o da questão racial e do racismo. Na primeira frente, trazemos dois artigos: Que comunicação e que jornalismo para o mundo pós-coronavírus?, de José Luís Garcia, sociólogo português da Universidade de… Continuar Lendo →

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