Fios do tempo. Sobre pandemias, catástrofes y otras patologías sociales – por Jaime Torres Guillén

Como parte de nuestra serie de debates sobre la pandemia de coronavirus, ahora publicamos el artículo en español de Jaime Torres Guillén, profesor de la Universidad de Guadalajara, México. En este artículo, Torres Guillén propone que la sociología y otras ciencias humanas contribuyan a un análisis externo de los acontecimientos actuales, aclarando la pandemia en sus aspectos sociales, éticos y políticos y abriendo horizontes normativos para la acción. ¿Cómo podemos entender lo que ocurre como parte de procesos más amplios de patología social? ¿Cuáles son los frentes normativos que se abren con el proceso catastrófico en curso y cuáles son los conflictos y las oportunidades que generan? ¿Estamos en medio de un proceso de cambio histórico?

¡Le deseamos excelente lectura, o escucha!

Fios do tempo, 25 de março de 2020
A. M.




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Sobre pandemias, catástrofes y otras patologías sociales

Guadalajara (México), 23 de março de 2020

La sociología y otras disciplinas afines tienen la obligación de corregir las tendencias actuales de abordar las dudas, preguntas, cuestionamientos, conocimientos o saberes sobre el coronavirus, sólo a partir de los acontecimientos “internos” (conceptos, métodos, criterios epidemiológicos, predicciones matemáticas, recomendaciones de expertos, etc.) del fenómeno. Este tipo de tendencias, además concebir la ciencia en un sentido esencialista, reduce el evento a cuestiones exclusivamente médicas y de instituciones gubernamentales o globales del sistema mundo capitalista. Sin embargo, el actual fenómeno del coronavirus plantea cuestiones prácticas, éticas, políticas y sociales, esto es, acontecimientos “externos” que conviene discutir. 

Deseo poner a discusión algunas de estas cuestiones a partir de dos interrogantes. La primera es una discusión normativa y tiene que ver con la autonomía de nuestras acciones y orientaciones en tiempos de pánico-control generalizado; la otra es sobre los efectos políticos y las secuelas ambientales de la pandemia. Las preguntas quedarían de la siguiente manera: 

¿En contextos de pandemia, en qué medida podemos articular en términos éticos, nuestras acciones y orientaciones con los imperativos sistémicos (coerción, tiempos, plazos para un aislamiento social) del capital y el Estado? [1] 

¿Podemos vislumbrar elementos de cambio histórico luego que los estragos de la pandemia se hagan más evidentes? 

Autonomía societal y patologías sociales 

La primera pregunta hace referencia a la necesidad de participar en términos éticos y políticos en la manera como queremos vivir en tiempos de pandemia y después de ella. Se trata de romper el aislamiento mental en el que se puede convertir la llamada “distancia social”. No significa hacer caso omiso al hecho irrefutable de que un virus puede matarnos, sino evitar caer en el supuesto de que este tipo de eventos no deben ser discutidos en su nivel “externo”, en este caso, en su nivel normativo. 

La pregunta interroga por la necesidad de detener el carácter dictatorial o autoritario en que se pueden convertir los imperativos sistémicos en marcha y construir gramáticas morales que exijan no sólo información rápida y confiables sobre el acontecimiento “interno” de la pandemia, sino la generación de modelos de acción y orientación social, no patológicos. 

Cuando hablo de gramática moral, me refiero a los patrones que las personas construyen para que se les reconozca como sujetos con capacidad de actuar y juzgar correctamente. Es una capacidad que debe ser tomada en cuenta, a la hora de formar convivencias basadas en ideas y valores sobre lo que es justo, correcto, digno o con mayor libertad social. 

Lo que está en el centro de esta discusión es el despliegue de la autonomía en términos imaginativos y creativos ante imperativos sistémicos. La decisión sistémica de un confinamiento derivado de un riesgo catastrófico para la vida humana, no sólo es una cuestión técnica, también es ética y política. Esto también desencadena gramáticas normativas que se oponen a los efectos de las patologías sociales derivadas de dichas decisiones. Esto es, aparecen conflictos producto de estas. 

Siguiendo a Axel Honneth [2], entiendo por patología social, un tipo de desorientación en los sistemas de acciones para intuir al menos una gramática normativa de la vida social; es aquel tipo de experiencia donde se vive el vaciamiento, soledad, egoísmo, clasismo, falta de solidaridad, insensibilidad social, invisibilidad, xenofobia, racismo o colonialismo interno. 

Sobre el tema de las patologías sociales, existe una tradición en la sociología. E. Durkheim [3] planteó tres formas de patología social para el estudio de la moral en la sociedad: a) la falta de solidaridad social por el vacío de normas y reglas sociales; b) Las normas y reglas que violentan la solidaridad social; y, c) la ausencia de normas y reglas para normar la vida solidaria. Sin embargo, Durkheim nunca otorgó a los conflictos sociales un papel sistemático en el desarrollo de sus estudios, de ahí que, para él, los procesos de socialización no podrían construirse a partir de las confrontaciones sociales. 

Pero toda patología social genera conflictos al traer consigo distorsiones en la comprensión normativa de cómo una comunidad determinada, ha elegido su acción y orientación social. Para el caso que estamos discutiendo, serían efecto de los mecanismos y dinámicas de los imperativos sistémicos. Ejemplo: la pérdida de la autonomía para la acción producto de un monopolio radical por parte de los Estados o expertos de lo que debemos hacer y no hacer en tiempos de pandemia. Otro: la acción y orientación, insisto sin demeritar lo letal que puede ser un virus, sin autonomía, creatividad o imaginación lleva a una patología social como la que Iván Ilich llamó industrialización de los valores, esto es que

la respuesta personal la sustituye el objeto estandarizado; crea nuevas formas de escasez y un nuevo instrumento de medida y, por tanto, de clasificación en el nivel de consumo. Esta reclasificación provoca el alza en el costo unitario de la prestación de servicio, modula la distribución de privilegios, limita el acceso a los recursos e instala a la gente dentro de la dependencia [4]. 

Entonces, las patologías sociales no serían sólo un temor a la disolución social, la desinstitucionalización o la anomia, sino a la pérdida de la autonomía para justificar normativamente una orientación y acción social. Para disminuir estas patologías, los actuales imperativos sistémicos de la pandemia del coronavirus, tendrían que ponerse a discusión en el nivel normativo que acabo de esbozar. 

Frentes no epidemiológicos de una pandemia 

La llamada Peste negra que azotó Europa y buena parte del norte de África y Medio Oriente entre 1346 y 1351 hizo que perecieran cerca de 20 millones de personas. De ser un acontecimiento exclusivamente epidemiológico y demográfico, con el tiempo pasó a considerarse como una de las mayores crisis de la civilización occidental [5].

Los frentes que se abrieron a partir de la Peste negra fueron económicos, políticos, ecológicos, étnicos y religiosos [6]. Esto desencadenó un cambio histórico en la cultura europea. En el caso de la actual pandemia del coronavirus ¿Podemos vislumbrar elementos de cambio histórico luego que los estragos se hagan más evidentes? Esta es nuestra segunda pregunta. A continuación apunto algunos ejes para la discusión. 

Comencemos con los frentes económicos y políticos. Los efectos económicos ya han sido anunciados por todos lados. Se ha dicho que en México, “la restricción de quedarse en casa para evitar la propagación del Covid-19 tendrá un costo de 900 mil millones de pesos” y que el Estado dejará de recaudar por impuestos directos unos 400 millones de pesos y 350 mil millones de pesos si las empresas comienzan a despedir trabajadores de manera injustificada [7].

En este escenario la racionalidad utilitaria de los dueños y socios del capital, está siendo desafiada por el coronavirus. Ante la inminente etapa de confinamiento total, se está comenzando a presionar a los gobiernos a que preparen apoyos para el desempleo, la condonación o retraso de impuestos y posiblemente los congelamientos salariales. En medio de la crisis que se avecina, este tipo de racionalidad está siendo arrinconada a tratar con nuevos modos de comportamiento colectivo basado en el don, la solidaridad, comprensión y cuidado, algo que rechaza de antemano y difícilmente está dispuesta a asumir. ¿Podremos ver el desenlace pronto? ¿Es posible generar nuevos comportamientos a través de conceptos normativos que habían sido desplazados por la racionalidad utilitaria? 

Los conflictos políticos derivados de efectos no deseados y agravios ocasionados por las patologías sociales que generará la pandemia, seguramente vendrán de las clases populares al ser estas las que más sufrirán el impacto de los acontecimientos “externos” del coronavirus. Se enfrentarán a un sistema de salud saturado y colapsado, al desempleo, pérdida del ingreso, desigualdad en la prestación de servicios, al monopolio y acceso a instrumentos para el bienestar y a la imposibilidad de planear la vida en función de la normalidad institucional a la que estaban acostumbrados. ¿Qué tipo de conflictos serán estos? ¿En qué consistirán sus acciones, contenciones y represión? ¿Cuál será el elemento de articulación? ¿Serán sometidos y asimilados?.

En los últimos días, se ha escucha lo mismo a ecologistas que a expertos del medio ambiente, expresar opiniones sobre el respiro que está tomando el medio ambiente al decrecer la movilidad motorizada y otros factores de contaminación. Sin embargo, más allá de estas opiniones habría que ir valorando la posibilidad de pensar un escenario pospandemia en un sentido ecológico. Si la flora y la fauna tienen la oportunidad de sobrevivir a la ofensiva de nuestra mentalidad industrial con la que han batallado por más de 300 años, se podría establecer una discusión sobre una nueva manera de relacionarse con la naturaleza. ¿Es posible abrir este frente? ¿Es hora de tomar en serio las teorías del decrecimiento y la convivencialidad? 

El surgimiento del coronavirus ha traído algunas expresiones negativas contra personas asiáticas y de cierta posición económica. Por ejemplo, algunos dichos vulgares sobre que el virus los contrajeron personas de nacionalidad china y lo importaron a nuestro país, personas con poder adquisitivo alto quienes pueden viajar por el mundo donde se esparció con mayor rapidez el virus. Este tipo de actitudes populares comúnmente se convierten en desprecios morales y en el peor de los casos, comportamientos y actitudes propias de cualquier fascismo. ¿Cuáles serán los frentes que en este sentido se abrirán? ¿Qué tipo de nuevas patologías sociales generará? ¿Qué repercusiones tendrá esta distorsión de la vida social? 

Estos apuntes problemáticos pueden multiplicarse en otras esferas, como la religión, la cultura, el arte, las redes sociales o el campo del derecho. Conviene ir discutiendo cada cual pues, parece que tendremos tiempo de sobra para pensar. 

Consideraciones sociales 

Sobre las distorsiones en la vida social, hubo un tiempo en que, en el campo de la filosofía, especialmente la antropología filosófica y la filosofía de la historia, se concentraron análisis de las patologías sociales. Para muestra bastan los conceptos clásicos que se usaron durante buena parte del siglo XX: cosificación, alienación, nihilismo, pérdida de comunidad, desencanto, anomia, ruptura del lazo social, despersonalización, consumismo, neurosis colectiva, etcétera. De hecho, existen obras con esta pretensión: Historia y conciencia de clase de Georg Luckács, Oswald Spengler y La decadencia de Occidente, el trabajo que realizaron Max Horkheimer y Theodor W. Adorno en Dialéctica de la Ilustración, Los orígenes del totalitarismo de Hannah Arendt, Sigmund Freud y el El malestar de la cultura, El miedo a la libertad de Erich Fromm o Herbert Marcuse con Eros y civilización, y Michel Foucault con Vigilar y castigar. El nacimiento de la prisión

Este tipo de trabajos hoy son escasos ya sea porque las actuales ciencias sociales no disponen de pautas de evaluación social de este calibre, debido a la pretensión de objetividad y estandarización que se autoimpusieron cuando se decidió seguir los patrones metodológicos de la ciencia natural; o porque las mismas disciplinas filosóficas nunca resolvieron problemas como aquellos que se derivan de la pregunta ¿Cómo se justifican los conocimientos de las patologías sociales? La antropología filosófica o la filosofía de la historia fueron incapaces de responder esta pregunta debido a su propio cuerpo teórico y de método del que partieron: son disciplinas que toman como referente conceptos trascendentes de la autorrealización humana y no evidencias empíricas. O las versiones más “críticas” de estos diagnósticos, al dibujar a los sujetos insertos en estas experiencias como meros objetos de poder o fuerzas oscuras, las potencialidades para emancipación o bien eran pensadas trascendentemente o de plano se tornaban imposibles en el análisis social debido al carácter autopoiético de los sistemas de poder que provocaban las patologías. 

Actualmente, en la sociología y otras disciplinas afines, se puede describir una patología social pero no evaluarla porque se rechaza la posibilidad de justificar la validez objetiva de tal valoración. Para lograr esto, mínimamente habría que desarrollar una ética que las ciencias sociales no trabajan o ignoran. Además, existe un consenso generalizado sobre que es difícil conciliar la “objetividad científica” con el diagnóstico crítico moral de la época. 

Mi posición es que este determinismo debe ser desafiado. La sociología se encuentra preparada para esbozar, construir y llevar a delante proyectos analíticos y políticos sobre el estado actual de emergencia y catástrofe. No hacerlo, implicaría el abandono de unos de los temas sociológicos por excelencia: la tensión que generan los imperativos sistémicos con la autonomía del obrar de las personas en su sentido social.

Notas

[1] Debo mucho a Hartmut Rosa (Alienación y aceleración, Buenos Aires, Katz, 2016) parte de la discusión aquí presentada.

[2] A. Honneth. El derecho de la libertad : esbozo de una eticidad democrática. (Madrid: Katz Editores, 2014); Patologías de la libertad. (Buenos Aires: Editorial Las cuarenta, 2016).

[3] E. Durkheim. Lecciones de sociología. Física de las costumbres y el derecho. (Buenos Aires: Editorial Pléyade, 1974). 

[4] Iván Illich. La Convivencialidad. Obras reunidas I. (México: Fondo de Cultura Económica, 2019), 425.

[5] David Arnold. La naturaleza como problema histórico. El medio, la cultura y la expansión de Europa. (México: Fondo de Cultura Económica, 1996). Robert S. Gottfried. The Black Death: Natural and Human Disaster in Medieval Europe. (New York and London: The Free Press, 1983). 

[6] Para el caso véase David Arnold, op. cit., pp. 64 y ss. 

[7] La Jornada, “Covid-19: pérdidas por 900 mil mdp en un mes”. Consulta: 22/03/20 en https://www.jornada.com.mx/2020/03/22/economia/016n1eco


 Jaime Torres Guillén es doctor en antropología social.  Es profesor de tiempo completo de la Universidad de Guadalajara, Director de la revista Piezas en Diálogo Filosofía y Ciencias Humanas y miembro del SNI Nivel I. 


¿Cómo citar este artículo?
TORRES-GUILLÉN, Jaime (2020), Sobre pandemias, catástrofes y otras patologías sociales. Fios do Tempo (Ateliê de Humanidades), 25 de marzo. Disponible en: https://ateliedehumanidades.com/2020/03/25/fios-do-tempo-sobre-pandemias-catastrofes-y-otras-patologias-sociales-por-jaime-torres-guillen/


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